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Reseñas de libros

Problema infernal. Estados Unidos en la era del genocidio

De Samantha Power

Editorial:
Fondo de Cultura Económica
Cantidad de páginas:
640
Lugar de publicación:
México DF
Fecha de publicación:
Marzo de 2005
Precio:
90 pesos
Samantha Power, profesora de política en Harvard, decidió encarar este monumental trabajo, merecedor del premio Pulitzer 2003, tras cubrir el conflicto yugoslavo en 1995. Su tesis es sencilla: el genocidio debe ser enfrentado por la comunidad internacional, y el liderazgo que reclama Estados Unidos lo obliga a una intervención inmediata y decisiva, incluso con despliegue militar: con todo lo que implica decirlo, el tímido y tardío bombardeo a serbios y yugoslavos fue el ejemplo más exitoso en la represión del genocidio. Tras el recuento pormenorizado de los casos del siglo XX, desde Turquía en 1915 hasta los Balcanes en los ’90; y los testimonios elegidos con sumo cuidado y que hacen, por momentos, dolorosa la lectura, es difícil no compartir esa posición: en ciertos casos muy evidentes y especiales, la excusa del principio de soberanía deviene inmoral y ya no puede, y no debe, ser atendida.
Power dividió cada caso en cuatro secciones: “advertencia”, “reconocimiento”, “respuesta” y “secuela”. Entrevistó a más de 300 “actores clave”, lo que enriquece la textura narrativa con las tensiones internas de las agencias que interactúan –o compiten– para formular la política internacional.
El panorama que surge de este estudio es que ni Estados Unidos ni ningún otro país ha tomado una actitud convencida y consistente para evitar los genocidios, a pesar del insistente y creciente flujo de información y denuncias que existió en cada caso, una actitud menos comprensible en 1995 –u hoy, en Darfur– que en 1915.
En cada caso hubo quienes alertaron en tiempo útil y quienes eligieron no escuchar, y también quienes rescataron las voces de la tumba de los millones de personas que sufrieron la más abyecta violencia política. Esta tensión entre los hechos y sus pruebas, ante el horror de “el crimen más abyecto”, ayuda a entender que el juez Félix Frankheimer contestara, en 1942, que no creía las denuncias de genocidio no porque fueran mentira, sino porque no podía creerlas. Como dijo en 1945 Robert H. Jackson –sobre los juicios de Nuremberg– los tribunales internacionales deben verificar “hechos increíbles por medio de evidencia creíble”, común exigencia que reconocerán los luchadores vernáculos contra las violaciones a los derechos humanos.
Desterrar la violencia política como herramienta de los estadistas fue el sueño de, entre muchos otros, Raphael Lemkin, el abogado polaco que creó el neologismo para representar “el crimen más terrible”, y dedicó su vida a la, aún hoy, poco operativa Convención de la ONU de 1948. La construcción de imperativos categóricos de validez universal es la tarea esencial del derecho internacional. Y Power hace su aporte a esa dura tarea, tanto en la denuncia de la negligencia y la cobardía como en la enseñanza del valor y la perseverancia con que muchas personas y organizaciones se han esforzado en lograr intervenciones en tiempo útil frente a un crimen que se nutre de la pasividad de la comunidad internacional.
Un aporte insoslayable a esa dura tarea, y una lectura obligatoria para que –citando a un senador estadounidense– el mundo deje de tener víctimas al son de “…el paraguas de Neville Chamberlain sobre los adoquines de Munich.”
Autor/es de esta reseña Raúl J. Maldonado
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 73 - Julio 2005