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Recuadros:

El traumatismo persistente de los árabes israelíes

Cuando el 4 de agosto pasado el desertor Eden Nathan Zada asesinó a cuatro árabes israelíes en Shfaram, el primer ministro israelí Ariel Sharon condenó “el acto vil de un terrorista judío sediento de sangre”. Pero el Ministerio de Defensa señaló que a los ojos de la ley, Zada no era terrorista porque no pertenecía a una organización “hostil a Israel”. Hasta en la muerte los palestinos de Israel son ciudadanos de segunda.

A lo largo del mes de agosto, los medios de comunicación del mundo entero mostraron la mesura del ejército y la policía israelíes durante la evacuación de las veintiún colonias de Gaza y las cuatro de Cisjordania. No había sucedido lo mismo cinco años atrás, cuando los palestinos de Israel manifestaron su solidaridad con sus hermanos de los territorios ocupados caídos en Jerusalén, tras la visita del general Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas, el 28 de septiembre de 2000, que desató la segunda Intifada. Esa sangrienta represión dejó profundas heridas en los ciudadanos árabes del Estado judío.

En pocos días, a comienzos de octubre de 2000, las fuerzas de choque de la policía, los francotiradores y los participantes del pogrom antiárabe en Nazaret durante la noche de Kippur, el 8 de octubre de 2000, asesinaron a 13 árabes -12 ciudadanos israelíes y 1 habitante de los territorios ocupados- e hirieron a varias decenas de personas. El jefe del gobierno israelí, Ehud Barak, su ministro de Seguridad, Shlomo Ben Ami, y su ministro del Interior, Haim Ramon, todos ellos dirigentes del Partido Laborista en el poder y supuestas "palomas", justificaron legalmente la matanza: el Estado de Israel -explicaron- no podía tolerar el bloqueo de una ruta principal 1.

Dos años después de estos acontecimientos, el 1 de septiembre de 2003, una comisión gubernamental presidida por Theodore Or, miembro de la Corte Suprema, publicó al respecto un informe de 831 páginas. El informe reafirmaba el principio según el cual el Estado tiene derecho a intervenir para desbloquear, de ser necesario por la fuerza, las principales rutas del país, pero señalaba que los disparos con balas reales y a fortiori el uso de francotiradores no son medios apropiados para dispersar a las multitudes.

El texto iba más lejos: instaba a la policía a liberarse de la cultura de la mentira y a convencer a sus tropas de que la población árabe de Israel no debía ser tratada como enemiga; afirmaba que los sucesivos gobiernos no habían resuelto los graves problemas generados por la política de discriminación respecto de la gran minoría árabe; e instaba a las autoridades a promover una mejora en la calidad de vida de esa minoría.

Pero la Comisión Or no cuestionó ni al Primer Ministro ni a su ministro de Seguridad, en detrimento tanto de los voceros de la población árabe como de los sectores democráticos judíos 2. Para colmo, el informe ni siquiera se publicó en árabe, segundo idioma oficial del Estado...

Adhiriendo verbalmente a las recomendaciones de la Comisión, el gobierno de Sharon creó, el 14 de septiembre de 2003, un comité interministerial, presidido por Yossef Lapid, por entonces ministro de Justicia. Pero los representantes árabes boicotearon esta instancia, dado que la integraban ministros favorables a la "transferencia", es decir, a la expulsión de los palestinos. El Comité Lapid recomendó "la creación de un organismo gubernamental para el desarrollo de las minorías no judías" y preconizó "la integración de los jóvenes del sector árabe que no hacen el servicio militar, en el marco de un servicio nacional gubernamental civil" 3.

Los árabes de Israel no fueron los únicos que criticaron duramente estas propuestas: el mismo juez Theodore Or, en varias oportunidades, acusó al Estado de no haber hecho lo suficiente para aplicar las recomendaciones de su Comisión para poner fin a la discriminación. Por añadidura, reprochó a la "policía de las policías" no haber determinado la responsabilidad de los implicados en los disparos mortales de octubre de 2000 4.

 Puntos de controversia

 La sugerencia más controvertida es la instauración de un servicio alternativo civil para los jóvenes árabes que no hacen el servicio militar. Cabe señalar que Israel, desde su creación, considera a los árabes desleales y por ende los excluye del servicio militar obligatorio. En cuanto a los árabes, se niegan a hacer la guerra a sus hermanos del otro lado de la frontera. Además, incluso los jóvenes no judíos (de confesión drusa o de origen circasiano) que son llamados a cumplir con el servicio militar o que se presentan como voluntarios (algunos beduinos y otros árabes de confesión cristiana) sufren la misma discriminación dirigida a los árabes. La instauración de un servicio civil nacional no cambiará nada al respecto, estiman los voceros de los árabes, quienes prefieren un sistema de "servicio civil comunitario o local". En todo caso, agregan, no se trata de condicionar la igualdad entre ciudadanos.

Además del servicio nacional, otras cuestiones generaron polémica, comenzando por la identidad nacional de los ciudadanos árabes. Porque el establishment exige a los árabes una total "fidelidad" hacia el Estado de Israel, al que define como "Estado judío", "Estado de los judíos", "Estado judío y sionista" o -conforme al texto de la Ley fundamental- como "Estado judío y democrático". Expresiones que ignoran la existencia de una amplia comunidad árabe minoritaria, pero que representa alrededor del 20% de la población de Israel, y reducida así al estatuto de "minoría no judía". Para los ciudadanos árabes y sus representantes, Israel debe ser un "Estado de todos sus ciudadanos" o "de todas sus naciones", definiciones que el establishment rechaza categóricamente. El argumento según el cual la situación es similar en los países árabes resulta extraño: compara un Estado que se considera democrático con Estados autoritarios.

Si nos atenemos a las encuestas sociológicas más recientes (ver recuadro "Lo que piensan..."), para el 63,1% de los consultados la definición más apropiada de su identidad es "árabes palestinos en Israel". Y son aun más los que preconizan la formación de un Estado palestino independiente y la transformación de Israel en un Estado binacional en el que gozarían de un estatuto igual al de los ciudadanos judíos. Pero esta posición suscita también reservas. Desde la segunda Intifada, muchos jóvenes árabes de veinticinco años se resisten a presentarse como "palestinos israelíes". Lo mismo sucedía con la generación de sus padres, quienes recordaban el Día de la Tierra -ese 30 de marzo de 1976 en que el ejército israelí asesinó a seis manifestantes pacíficos-. En cuanto a sus abuelos, evocaban la Nakbah (catástrofe) y la expulsión de 1948.

Mona Abu Bakr, una joven periodista, se niega "a aceptar el Estado sionista por una sola razón: su total negación de la existencia de la persona árabe palestina en este país. (...) ¿Cómo aceptar un principio que niega mi existencia como persona arraigada a una cultura elaborada a lo largo de los siglos en ésta, que es mi patria, Palestina? (...) Defino mi identidad cuando me despierto y escucho las noticias en Kol Israel (la radio estatal); cuando camino por la calle y escucho a la gente que me rodea; cuando subo al tren para ir a trabajar y me siento entre soldados armados con fusiles como si fueran gente común; cuando escucho los llamados al odio contra los míos; cuando veo que me exigen mayores esfuerzos que a una judía para ingresar a la universidad (...). No voy a vivir en el Estado palestino cuando lo creen, pero esto no quiere decir que renuncie a Palestina: está viva en nuestros corazones y nos acompaña a donde vayamos" 5.

Otro tema genera fuertes polémicas: la reivindicación de una "autonomía cultural árabe". El Estado y la mayoría de los judíos la rechazan totalmente, considerándola un paso previo a la exigencia de una "autonomía política" que alimenta sentimientos separatistas, incluso irredentistas. Profesor de la Universidad de Haifa y gran conocedor desde hace años de la opinión pública judía y árabe, el sociólogo (judío) Sami Samouha piensa, por su parte, que "las ventajas de la autonomía cultural árabe son mucho mayores que sus desventajas". ¿Por qué? "Porque la autonomía cultural representa un paso importante hacia el multiculturalismo. Y este último no existiría si las minorías que se niegan a asimilarse no gozaran de una autonomía cultural. Si contara con el presupuesto adecuado, fortalecería a los árabes, mejoraría su imagen, reconocería el valor cualitativo de su cultura y sus símbolos nacionales y les permitiría estudiar la historia, la literatura y la cultura palestinas."

Profesor de la Universidad de Tel Aviv, el psicólogo Shafiq Masalhah matiza su opinión. Insistiendo en el aspecto multicultural de la sociedad israelí, le preocupa el sentimiento de frustración y exasperación de los ciudadanos árabes frente a un Estado -y especialmente a una educación nacional- que eliminan sistemáticamente la pertenencia de la juventud árabe a su cultura específica. "La existencia de varias culturas en una sociedad -agrega- no es una maldición, sino una bendición." Sería también el caso de Israel si este Estado "abandona la concepción de hegemonía cultural que predomina actualmente, en beneficio de una concepción que reconozca la identidad particular de cada cultura y privilegie la apertura y la interacción entre todas". Y, dirigiéndose a sus compatriotas, les advierte: "La autonomía de una cultura, en una sociedad que posee varias, puede convertirse en un viaje sin retorno hacia su exclusión total y generar la ruptura de sus lazos con las demás culturas, aunque estos lazos sean frágiles. Ahora bien, toda separación entre culturas (...) conducirá automáticamente a un fortalecimiento de la actitud chauvinista respecto de la cultura que goza de autonomía".

Lo cierto es que los acontecimientos de octubre de 2000 dañaron profundamente la confianza de los ciudadanos árabes en el Estado hebreo. Y en los medios de comunicación en hebreo: según una encuesta reciente realizada por el centro árabe de información Elam, la mayoría de los árabes israelíes cree más en las noticias de los medios de comunicación árabes que en las de los israelíes. Así, el 64,4% confía en el canal de televisión Al-Jazeera contra el 4,3% en el segundo canal israelí; y el 56,9% confía a priori en un periodista árabe contra el 5,5% en un periodista judío. Responsable de esta encuesta, Amal Jammal, de la Universidad de Tel Aviv, comenta: "Para satisfacer sus necesidades de identidad, el público árabe en Israel mira los canales árabes, pero para satisfacer sus necesidades de información diaria recurre a los medios de comunicación en hebreo".

El malestar de los árabes de Israel tiene su explicación: siguen padeciendo, en todos los campos, la discriminación que los golpea desde la creación del Estado (ver recuadro "Discriminación"). La peor atañe al acceso al mercado laboral: las ciudades y aldeas árabes son las más afectadas por el desempleo, que sufren particularmente los jóvenes; la edad promedio de los palestinos de Israel es de 19 años. Oficialmente, el 13,3% de la población activa árabe está desempleada, contra el 10,4% de la judía, pero se trata del número de inscriptos en las agencias de empleo 6. Ahora bien, el gobierno obliga a los desempleados a aceptar el trabajo que les ofrece: quien se niegue es eliminado de las estadísticas y privado del subsidio por desempleo.

Al igual que en muchos países occidentales, se reduce la ayuda social con el pretexto de incitar a los "excluidos" a volverse "productivos"; una orientación cuyo resultado, declaraba recientemente el director del Instituto Nacional de Seguridad Social, Igal Ben-Shalom, "no es ‘menos subsidios y más trabajo', sino ‘menos subsidios y más miseria'" 7. De hecho, el porcentaje de población activa entre los pobres aumentó del 33,5% en 1990 al 43,1% en 2003, y el de pobres entre la población activa, del 13,6% en 1990 al 20,3% en 2003 8.

Aquí, el workfare se llama "plan Wisconsin", por el nombre del Estado estadounidense que primero lo llevó a la práctica. La gran ciudad árabe de Nazaret, su vecina con mayoría judía y sus 4.500 desempleados sirven, desde agosto, de conejillos de Indias, bajo la égida de dos compañías, una israelí y otra holandesa. En un folleto publicado recientemente, la asociación Saout al-Amal (La voz del trabajo) denuncia "una declaración de guerra no contra la desocupación, sino contra los desocupados, cuyo objetivo es privarlos de los subsidios sociales". De manera que el 27 de julio último, desocupados indignados saquearon las oficinas de las compañías encargadas de aplicar el plan Wisconsin en Nazaret. Y el 24 de agosto centenares volvieron a manifestarse contra el plan... 

Tampoco en las ciudades mixtas los palestinos escapan a la discriminación. Lod, por ejemplo, tiene 21.000 habitantes árabes (28%) y 53.000 habitantes judíos (72%). Los primeros se concentran en el norte y el oeste, los segundos en el sur y el este: basta una simple visita para observar la diferencia de trato que reciben los barrios. Así, explica una militante local, Boutayna Dabit, el 60% de las 2.930 familias árabes de Lod vive en casas insalubres; y estima en 1.600 el número de viviendas nuevas que deberían construirse inmediatamente. Pero no se ve ninguna grúa. En cambio, las autoridades siguen destruyendo las casas construidas sin permiso para enfrentar la escasez de viviendas.

Los 8.000 habitantes árabes del centro de Saint-Jean d'Acre no tienen mejor suerte. Joya arquitectónica única, el viejo barrio -con sus ruinas cananeas, fenicias, bizantinas, cruzadas, islámicas y otomanas- atrae a miles de turistas. Pero éstos no ven la desolación que existe detrás de las fachadas. Miembro del Consejo Municipal, Ahmed Ouda señala indignado: "A las autoridades sólo les interesan las piedras y descuidan a los niños, las mujeres y los hombres que viven aquí. La mayoría de las casas tienen más de doscientos años, pero no han sido mantenidas y corren el riesgo de derrumbarse sobre sus habitantes; incluso hubo que clausurar varias. Ahora bien, la mayoría de las familias son muy pobres y viven allí a razón de seis o siete por habitación. La miseria y el abandono convirtieron a la vieja ciudad en un centro de la droga, la prostitución, la delincuencia y la criminalidad".

 Parias: los beduinos

 Pero es necesario ir al Néguev, el desierto que se extiende en el sur de Israel, para encontrar a los verdaderos parias del país: los beduinos. Antes de la creación del Estado, en 1948, eran 60.000, de los cuales sólo 11.000 escaparon a la expulsión. A pesar de un índice de mortalidad récord de 14,6 por 1.000 (tres veces más que en las poblaciones judías), su número se multiplicó por 14: actualmente se estima que son entre 140.000 y 165.000. La ciudad beduina de Rahat, por ejemplo, cuenta con un 60% de habitantes menores de 17 años, y sólo un 1,5% de más de 65. La poligamia contribuye también a esta demografía: uno de cada cinco beduinos tiene dos mujeres...

El Estado de Israel concentró -la mayoría de las veces a la fuerza- a dos tercios de los beduinos del Néguev en siete aglomeraciones que parecen reservas. Los demás viven en cuarenta y cinco aldeas no reconocidas: no figuran en los mapas; no gozan de la mayoría de los servicios públicos; sus habitantes no tienen derecho a construir, y las viviendas, incluso las más precarias, pueden ser destruidas manu militari. En general, el Estado no reconoce su derecho de propiedad sobre sus tierras y, en consecuencia, destruye a menudo los cultivos, incluso con aviones que esparcen productos tóxicos.

Las aglomeraciones beduinas encabezan las estadísticas sobre el desempleo y ocupan el último lugar de aquellas sobre el nivel de vida. Así, el ingreso mínimo mensual per cápita en la aglomeración judía de Omer es diez veces más alto que en su vecina beduina de Arara (7.627 shekels contra 730). Cabe señalar que en la primera son tres veces más los habitantes que reciben un subsidio de desempleo que en la segunda 9; y sin embargo muchos más beduinos están desempleados...

Paradójicamente, el anuncio de la retirada israelí de Gaza generó temores en la población árabe: está asociada con la idea de reimplantar a una parte de los colonos en Galilea y en el Néguev. En abril de 2005, el Estado y la Agencia judía organizaron especialmente una conferencia titulada: "El desarrollo del Norte del país y de Galilea", a la que fueron invitados varios ministros, altos funcionarios de las autoridades centrales y locales y... un solo representante de la población árabe. Para el ex alcalde de la comuna árabe de Eilabun, Hana Sweid, se trata de relanzar el proyecto de "judaización" de Galilea, en otra palabras de revertir la realidad demográfica de esta región, en la que el 51% de la población es árabe, pero sólo controla el 12% de sus tierras.

Los árabes son también discriminados en materia de derecho de familia 10. A fines de julio, a instancias del Shabak, el Servicio de Seguridad General, la Knesset, aprobó por amplia mayoría -incluidos ministros y diputados laboristas- una ley que restringe rigurosamente el reagrupamiento familiar entre palestinos de Israel y de los territorios ocupados. En adelante, sólo hombres de más de 35 años y mujeres de más de 25 podrán solicitar la ciudadanía israelí al Ministerio del Interior 11. Esta medida se aplica también a parejas antiguas, ya que, desde marzo de 2003, las autoridades habían suspendido todas las solicitudes cuando uno de los solicitantes no era israelí 12...

Las organizaciones de defensa de los derechos humanos criticaron tanto más enérgicamente esta ley cuanto fue objeto de una campaña de prensa antiárabe de una inusitada violencia. Según los voceros del gobierno y de los medios de comunicación, los matrimonios entre palestinos de Israel y de los territorios ocupados constituirían una amenaza demográfica y, por ende, un peligro potencial para la seguridad del Estado judío. Y varios funcionarios, entre ellos el ministro del Interior laborista Ophir Pines, hicieron oír sus voces en este concierto. Lo que sirvió para alimentar, como si fuera necesario, el clima chauvinista y racista existente en amplios sectores de la sociedad judía, el cual refuerza a su vez sentimientos antijudíos entre los ciudadanos árabes. Hasta el fútbol sufrió las consecuencias: en los estadios de las ciudades judías, cuando dos equipos, uno judío y otro árabe, se enfrentan, suele escucharse el grito "¡Mueran los árabes!", en medio de una total impunidad.

Así, el atentado terrorista del 4 de agosto, en Shfaram, no fue un trueno en medio de la calma. Simpatizante del partido racista Kach, prohibido pero no desmantelado, el soldado con uniforme que abrió fuego en un autobús y mató a cuatro pasajeros árabes israelíes ¿puede ser calificado simplemente de "loco"? No, responde Elias Jabour, ex miembro del Consejo Municipal de esta Galilea donde conviven árabes de diversas confesiones (musulmanes, cristianos y drusos): "Esperamos que el caso no sea archivado con el pretexto de que el asesino estaría loco. Si se utilizara este pretexto, pensaríamos que quieren minimizar este horrible crimen y ocultarnos algo. Ahora bien, este atentado plantea muchos interrogantes y exigimos que se sepa toda la verdad. Para mí, Shfaram fue víctima del racismo que hace estragos en el país. Y el asesino recibió su instrucción militar en el ejército de ocupación, que organiza diariamente terribles represalias en los territorios ocupados. Hay que poner fin a esta situación para que semejantes crímenes no vuelvan a cometerse". En otras palabras, resume el periodista Rafiq Halabi, "este atentado acabó con la calma de esta ciudad de Shfaram, considerada hasta entonces un símbolo de moderación, hizo que miles de personas salieran a las calles y estrechó vínculos entre Galilea y Gaza".

  1. J. Algazy, "Mi Estado mata a mi pueblo", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2000.
  2. Véase especialmente la reacción del Centro Legal para los Derechos de la Minoría Árabe en Israel (Adalah), Shafa-Amr, 4-9-03.
  3. Comunicado de prensa del Ministerio de Justicia, 2-6-04.
  4. Véase especialmente el diario Haaretz, Tel Aviv, 2-9-04 y 22-6-05.
  5. Du-et (diario en hebreo) y Lahn mouzdawag (en árabe), órgano bilingüe del Foro de debate de los ciudadanos judíos y árabes en Israel, Jerusalén, julio de 2005. Las dos citas siguientes también fueron extraídas de este número.
  6. Haaretz, Tel Aviv, 3-3-05.
  7. Haaretz, Tel Aviv, 9-8-05. También Anne Daguerre, "Emplois forcés pour les bénéficiaires de l'aide sociale", Le Monde diplomatique, París, junio de 2005.
  8. The Marker, suplemento económico de Haaretz, 6-7-05.
  9. Itsik Saporta, "Agglomérations dans le Néguev, quelques comparaisons", www.haokets.org, 8-2-04.
  10. Meron Rapoport, "Les libertés menacées des citoyens d'Israël", Le Monde diplomatique, París, febrero de 2004.
  11. Yedioth Ahronot, Tel Aviv, 28-7-05.
  12. Haaretz, Tel Aviv, 27-7-05.

Discriminación

Algazy, Joseph

Según el último informe anual del Instituto Nacional de Seguridad Social (2004), la pobreza alcanza al 49,9% de las familias árabes contra menos del 20% de las familias judías. Lo que es peor: afecta a 420.000 niños árabes, es decir, el 60%. Esta situación catastrófica se debe en gran medida al nivel de desempleo de los árabes. Entre los hombres de 45 a 54 años, el 87% de los judíos trabaja, contra sólo el 63% de los árabes; lo mismo sucede en los de 55 a 64 años, donde el 70% de los judíos trabaja contra sólo el 40% de los árabes. En lo que respecta a las mujeres, participan de la fuerza de trabajo ocupada el 54,6% de las judías y el 23,4% de las árabes. De manera que el ingreso promedio mensual de una familia judía es de 11.022 shekels y el de una familia árabe de 6.737 shekels 1.
Pero es a nivel local donde las desigualdades son más notorias. Así, en materia de salud, las ciudades judías, por ejemplo, poseen una clínica cada 15.500 personas, mientras que en las ciudades árabes 2 existe una cada 29.500 personas. Lo mismo sucede con la enseñanza: el Estado garantiza un promedio semanal de 1,87 horas a los alumnos judíos de la escuela primaria y 1,51 a los alumnos árabes 3. ¿Y qué decir del cuidado de los niños antes de la escuela primaria? Según la Oficina Central de Estadísticas, en 2002 las guarderías sólo recibían el 3,2% de los niños árabes de 2 años contra el 39,7% de los judíos; el 54,1% de los de 3 años contra el 89,5% de los judíos; el 59,2% de los de 4 años contra el 89,3% de los judíos, y el 93,2% de los de 5 años contra el 99,4% de los judíos...
Para la socióloga Dafna Golan-Agnon, de la Universidad de Jerusalén, existen tres factores que tornan discriminatoria la educación: primero, el presupuesto, debido a que el Estado no destina a los sectores árabes, como debería, el 20% del gasto público, es decir 4.400 millones de shekels; luego, la ausencia de ciudadanos árabes en los organismos que determinan la política del Ministerio de Educación (incluso en las zonas donde se concentra la población palestina); finalmente, el hecho de que los programas, incluso en las escuelas árabes, privilegian los valores judíos y sionistas y omiten la cultura, la historia y la literatura palestinas.

  1. 1 dólar equivale a 4,6 shekels.
  2. Se trata, evidentemente, de las ciudades árabes reconocidas: los pueblos no reconocidos –sobre todo en Galilea y en el Néguev– no reciben un shekel del Estado. Ni siquiera figuran en los mapas de rutas.
  3. Informe 2003-2004 de Sikkuy, la Asociación para el Progreso de la Igualdad Cívica; Kul-alarab, Nazaret, 12-8-05.


Autor/es Joseph Algazy
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 76 - Octubre 2005
Páginas:24,25,26
Traducción Gustavo Recalde
Temas Conflictos Armados, Política internacional
Países Israel