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Recuadros:

En Egipto, nueva era para los Hermanos Musulmanes

Con la multiplicación de manifestaciones que reclaman reformas, un viento de democratización se ha levantado sobre Egipto, que trata de sacudir la capa que convierte a la vida política en un teatro de cartón piedra. El islam funciona como estandarte de muchos actores, pero diversas interpretaciones suscitan cantidad de debates, incluso en el seno de la poderosa organización islámica de los Hermanos Musulmanes.

La realización de una elección presidencial con candidaturas múltiples el 7 de septiembre, gracias a la enmienda del artículo 76 de la Constitución, modifica el paisaje político egipcio. Muchos observadores creyeron que los Hermanos Musulmanes utilizarían esta coyuntura para conseguir un margen de libertad más importante. Sin embargo, se produjo lo contrario, dado que la organización pasa por una crisis sin precedentes.

Al salir de la cárcel a comienzos de los años 1970, los dirigentes de los Hermanos Musulmanes pensaron que el campo político, marcado por un multipartidismo bajo control del Estado, no era compatible con su objetivo, que era fundar un Estado islámico. Su desconfianza respecto del régimen político existente y la certidumbre de que era inevitable un enfrentamiento con él reforzaron esta convicción. Concluyeron entonces que la realización de su objetivo requería la construcción de una estructura por fuera del Estado y de sus aparatos de seguridad. Pensaban así responder a las circunstancias, a veces excepcionales, con las que debían enfrentarse, sobre todo porque el presidente Anwar al-Sadat (1973-1981) no tenía en absoluto la intención de regularizar la situación de la organización, prohibida desde 1954, sino que se limitaba a tolerar sus actividades.

Esta estrategia de reconstrucción de sus propias estructuras fue dirigida por una generación que provenía de la Organización especial, su rama paramilitar anterior a la revolución de 1952 (que vio la toma del poder por los Oficiales Libres conducidos por Gamal Abdel Nasser), acostumbrada a la clandestinidad. Hacia el final de los años 1970 los resultados eran impresionantes: la hermandad se había convertido en el movimiento religioso más importante de Egipto, que absorbía a sus rivales. Los emires de Gama'a Al-Islamiya, muy influyente en las universidades, habían decidido adherir a los Hermanos Musulmanes, en ese momento en plena renovación.

Fortalecidos por sus éxitos, los dirigentes de la organización perseveraron en ese camino, ya que la situación del movimiento -"prohibido pero tolerado"- les permitía escapar, además, a muchas restricciones legales, así como a las exigencias de la legalización (transparencia, programa preciso, etc). La llegada al poder de Hosni Mubarak en 1981 los corroboró en su orientación. En los comienzos de su gobierno, Mubarak recibió en el palacio presidencial a todos los dirigentes del espectro opositor, con excepción de los Hermanos Musulmanes. La exclusión en que los mantuvo el sucesor de Sadat confirmaba ante los ojos de los dirigentes de la hermandad que el reconocimiento de su movimiento no sería inmediato. En cambio las aspiraciones de la nueva generación de los Hermanos, más preocupada por inscribirse en un marco legal y por romper con la estrategia piramidal instaurada a comienzos de la década de 1970, se vieron frustradas.

Al inicio de los años 1980, la hermandad se instaló en el campo político, pero sin tener que plegarse a las normas legales, como la obtención de una autorización administrativa para la creación de un partido. Aceptó entonces coordinarse con el partido Al-Wafd (1984) o con los partidos Al-‘Amal y Al-Ahrar (1987), incluso para hacer elegir a algunos de sus miembros, pero sin apostar a largo plazo a esas formaciones. En el propio seno de los Hermanos creció la voluntad de crear un partido. Pero el comité directivo, órgano supremo del movimiento, esquivó siempre esa aspiración; el régimen le ofrecía los argumentos necesarios al negar totalmente cualquier reconocimiento a un partido vinculado a los Hermanos. Debido a lo cual dejó la hermandad Abou Al Ela Madi, promotor de la creación de un nuevo partido, Al Wasat ("el centro"), que sigue esperando su reconocimiento 1.

Un Estado paralelo 

Los Hermanos Musulmanes mantuvieron entonces en un segundo plano el proyecto utópico del Estado musulmán -nunca definido con claridad- y se concentraron en la construcción de una gran formación extra legal. La organización logró infiltrar las instituciones de la sociedad civil y el Estado, de los sindicatos y la administración, con la salvedad sin embargo del ejército, la policía y organismos denominados de la soberanía (presidencia, presidencia del consejo de ministros, asuntos exteriores): la dirección de la hermandad nunca se atrevió a franquear esa línea roja.

Los cuadros más brillantes que se habían incorporado a la organización en los años 1970 y 1980 redactaron un proyecto denominado tamkin (facultar, que cabría traducir con el término inglés de empowerment). Este texto, no dado a conocer públicamente, permite reestructurar y modernizar a la organización. Había definido las etapas y el proceso que permitieron garantizar progresivamente el control del Estado y la toma pacífica del poder. Descubierto por la policía en 1992, este documento permite al poder medir la potencia de los Hermanos Musulmanes, convertidos en un verdadero Estado paralelo sin las fallas del Estado oficial (envejecimiento de los cuadros, corrupción, etc).

El movimiento contaba entre 100.000 y 500.000 adherentes que pagaban regularmente sus cuotas, cada uno de los cuales era miembro de una usar, la célula de base, a quienes hay que añadir los simpatizantes. Si no hay datos más precisos, se debe a que las coacciones de la semi clandestinidad y la dificultad de contabilizar a los simpatizantes complican la evaluación. La dirección misma considera todo intento de clarificación de los datos como una forma de traición. Desde que el presidente Mubarak accedió al poder, Egipto está gobernado por una ecuación: el régimen conserva el monopolio sobre la vida política en contrapartida de la liberalización de la economía. La ley que rige los partidos otorga a las autoridades un control total sobre ellos. El resultado es que antes de la modificación de la Constitución la vida política agonizaba, y la experiencia del multipartidismo de la década 1970 terminaba de decepcionar. Lo cual parecía dar razón a la opción de los Hermanos Musulmanes por un activismo al margen de la ley.

La escena política, congelada durante décadas, empezó a animarse bajo el efecto de las presiones externas e internas. La enmienda del artrículo 76 de la Constitución y la aceptación de la multiplicidad de candidaturas para la elección presidencial marcaron una primera concesión del poder. Iba a sonar la hora de la verdad y todas las miradas se volvían hacia la hermandad. ¿Se acercaba la primavera para los Hermanos?

Las ilusiones no duraron. El movimiento Kefaya (Basta) tomaba las riendas del rechazo al presidente Mubarak, al ser el primero en hacer una manifestación el 12 de diciembre de 2004, dejando atrás a los Hermanos. Quienes necesitaron más de tres meses para evaluar la nueva situación y decidirse a su vez a salir en manifestación el 27 de marzo. Tener que rivalizar con el "grupúsculo" Kefaya era un duro golpe para los dirigentes de la hermandad, pero con una organización en que cada una de las ramas era más numerosa que el conjunto de Kefaya, pensaban poder retomar sin dificultades la dirección del movimiento.

La detención en su domicilio, el 6 de mayo de 2005, de Issam Al-Ariane, el vocero de los Hermanos, y de varios otros dirigentes de la organización, mostraría que la importancia del grupo podía convertirse en una limitación. Con el encarcelamiento de más de dos mil partidarios la hermandad cedió bajo el peso de sus cargas: la ayuda a los detenidos y sus familiares. Y las manifestaciones cesaron. Por otra parte, esa retirada estaba más vinculada con consideraciones tácticas que con la voluntad de conducir al pueblo egipcio por el camino de la libertad.

Este fracaso no se debió sólo a la represión. Lo que se le escapó a los dirigentes de la organización, e incluso a sus detractores, es que el paisaje islámico había sufrido un fuerte cambio desde los años 1970.

Originalmente los Hermanos Musulmanes eran los portadores oficiales de la ideología islamita, centrada en torno a la reivindicación de un Estado islámico. Esta demanda expresaba al mismo tiempo las aspiraciones de las capas más pobres, que veían en ello una manera de terminar con la opresión social, y de las capas medias y burguesas, que aspiraban al "saneamiento" de las costumbres y a la movilidad social.

Las clases pobres, al margen 

Pero desde entonces mucha agua corrió bajo el puente y los Hermanos Musulmanes ya no son los de ayer. Ahora, la inscripción de la hermandad en el marco político le ha hecho abandonar la gran leyenda del Estado islámico y todas las referencias al restablecimiento del Califato. Su programa no difiere demasiado del de los demás partidos, sobre todo de los que sustentan el liberalismo.

Los Hermanos aseguran su apego sin reservas a la democracia, sin envolverla en ropajes islámicos; ni siquiera evocan el concepto de choura (consulta). Aceptan la alternancia y el veredicto popular, sea o no conforme a la sharia. Insisten sobre la noción de ciudadanía e igualdad, rompiendo con la distinción entre musulmanes y coptos, admitiendo el acceso de estos últimos a todas las funciones 2, e incluso la creación de partidos coptos o comunistas 3.

No se puede decir que este discurso sea el de todos los integrantes de los Hermanos, pero es principalmente el de las nuevas generaciones de cuadros, representados especialmente por Abdel Mon'im Abul Futuh, y prevalece en la hermandad, donde no encuentra ninguna oposición seria 4.

Por otro lado, los Hermanos Musulmanes se han visto afectados por las radicales modificaciones que ha sufrido Egipto en el plano económico. La liberalización, llamada infitah (literalmente: apertura) sacrificó a las clases pobres. Ahora bien, la organización que había logrado hasta entonces atraer a representantes de todas las capas de la población, apoyó esta política liberal e incluso el cuestionamiento a la reforma agraria decidida por el régimen en 1997. Con el correr del tiempo, el reclutamiento se concentró en las capas medias afectadas por las nuevas formas de religiosidad. Los cuadros y militantes de la hermandad proceden cada vez más de la mediana burguesía. En resumen, los Hermanos Musulmanes, donde los hombres de negocios tienen un papel creciente, evolucionaron hacia la derecha liberal.

En cambio, las categorías pobres y marginadas fueron primero separadas de la organización, luego de su programa e incluso de sus consignas. Y la hermandad ha dejado de representar a esas clases que padecen las transformaciones económicas. "Ningún miembro de los Hermanos sufre hambre", constata un antiguo dirigente de la organización. Ahora bien, según cifras oficiales, la tasa de pobreza en Egipto alcanza al 17%, aunque la oposición habla del 40%. Así, el divorcio entre los Hermanos y las capas populares se tradujo en la ausencia de éstas en las últimas manifestaciones. Algunos observadores evalúan incluso que la organización frenó la movilización, y que inició un diálogo secreto con el poder para evitar cualquier desvío.

La Gama'a Al-Islamiya, que en los años 1980 rompió con los Hermanos y se comprometió a un enfrentamiento armado directo con el poder, fue capaz de representar a las capas pobres. Esto es lo que comprendió Adel Hussein, pensador y político musulmán consciente de los problemas de clase por su antigua pertenencia a organizaciones marxistas, que trató de atraer hacia su partido, Al Amal (el trabajo), a los cuadros islamitas provenientes de los suburbios y de los medios mas desfavorecidos. Sin embargo, les pedía que abandonaran la lucha armada. Pero los desacuerdos con la Gama'a y la prohibición del partido por las autoridades pusieron fin a este intento de representación de las capas populares, además del hecho de que el poder encarceló entre 20.000 y 30.000 miembros de la Gama'a.

Por otra parte, los Hermanos ya no son los únicos representantes de la burguesía religiosa. La oferta en este terreno nunca fue tan rica, especialmente con los nuevos predicadores, como Amr Khaled 5, y se desentiende del terreno político. Pero aun en ese ámbito, un joven creyente puede encontrar cuadros menos coaccionantes y peligrosos que los Hermanos.

En el momento en que perdía su estatus como único representante del islam político, la hermandad se convertía en un conglomerado muy lejano de la imagen monolítica que proyecta. Entre los hermanos se encuentran estudiantes de Al-Azhar, salafistas y ex jihadistas, responsables que ya evolucionaron bajo otras banderías políticas, así como campesinos y obreros que a falta de toda formación política, no hacen más que aplicar al pie de la letra las órdenes de sus superiores.

La participación en las reuniones se hace más escasa, estimándosela ahora en un 40%; el reclutamiento se estanca, la hermandad envejece, se pierde la disciplina. El objetivo mismo de la adhesión ha cambiado: ahora se es miembro de los Hermanos para aprovechar contactos y facilitar algunas acciones cotidianas, incluso para hacer más rentables los negocios. De allí la dificultad para los dirigentes del movimiento en ponerse de acuerdo sobre el futuro de la organización o aun, más sencillamente, sobre la elección presidencial del 7 de septiembre: tras prolongadas vacilaciones la hermandad llamó a votar, pero sin designar candidato.

Los Hermanos Musulmanes han entrado en una nueva era. Enterraron sus proyectos anteriores y son incapaces de formular uno nuevo. La imagen de una formación que, desde su creación, supo y pudo rivalizar con el poder y desarrollar una base popular, pertenece al pasado. Si el régimen entró en una zona de incertidumbre, la misma observación vale para los Hermanos Musulmanes.

  1. Véase Wendy Kristianasen, "L'Islam bousculé par la modernité", Le Monde diplomatique, París, abril de 2000.
  2. Mohamed Habib, el primer vicedirector de los Hermanos, anunció que la hermandad elaboraría un documento donde admitiría que los coptos y todos los "otros" egipcios tienen derecho a una ciudadanía total.
  3. Mohamed Mehdi Akef, director de los Hermanos Musulmanes, se expresó recientemente a favor de la creación de un partido copto.
  4. Véase el libro de Abdel Mon'am Abil Futuh, Réformateurs, pas gaspilleurs en arabe, El Cairo, agosto de 2005, y el documento que incluye, titulado "La notion islamiste du changement global".
  5. Véase el artículo de Hassam Tammam y Patrick Haenni, "L'islam branché de la bourgeoisie égyptienne", en Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2003.

Rostros femeninos del islam

Kristianasen, Wendy

En El Cairo, el cambio se respira. En lo que va del año, gente de todos los sectores, desde la izquierda hasta los islamitas, se manifestó en contra de la decisión del presidente Hosni Mubarak, en el poder desde hace un cuarto de siglo, de presentarse nuevamente en la elecciones presidenciales. “¡Kefaya!” (¡Basta!): así se llama el movimiento popular por el cambio.
Nawal El-Saadawi, una histórica militante feminista, psiquiatra y escritora, de 73 años, se postuló como candidata para estas elecciones. Aunque la comisión electoral no haya aceptado finalmente su candidatura, su gesto refleja un nuevo clima en un país donde las mujeres representan el 53% de la población, pero sólo ocupan el 2,5% de los cargos políticos. La política no es el único campo en el que se confirma esta voluntad de cambio. Mujeres musulmanas comprometidas luchan también por la igualdad de derechos, especialmente en el campo de la... religión.
El movimiento feminista egipcio, vanguardia de la lucha de las mujeres árabes, era mayoritariamente de tradición no confesional. La excelente película de Hala Galal, Dardasha nissa’iyaa (2004), muestra la evolución de una misma familia a lo largo de cuatro generaciones. Las más ancianas, con sus cabezas descubiertas y decididamente modernas, que recuerdan el movimiento feminista lanzado por Hoda Charaawi en los años 1920, se enfrentan a sus nietas y bisnietas, que llevan el hidjab (velo islámico). Tal como puede comprobarse, la inmensa mayoría de las mujeres en El Cairo –más del 80%– lleva el velo, especialmente en las tiendas elegantes y los cafés con nombres europeos, y en los barrios de la ascendente burguesía, en Mohandisin o en las umbrías y ricas callecitas de Zamalek.
Nadie, ni siquiera las laicas más convencidas, cuestiona el papel de la religión. Así, la Dra. Hoda Sophi, economista, especialista en planificación del muy gubernamental Consejo Nacional de la Mujer, la única de nuestras interlocutoras que no lleva el velo, explica: “Lo que me preocupa son los estereotipos sobre las mujeres. Esto proviene de nuestra cultura tradicional. Éste es el verdadero problema, no el hidjab o el islam. Tratamos fervientemente de clarificar la esencia del islam y separarla de la tradición”.
Omaima Abu Bakr es universitaria, cofundadora del Foro de Mujeres y Memoria, un centro de investigación no gubernamental dedicado a los problemas de las relaciones sociales entre ambos sexos. Definiéndose como “feminista con algunas reservas, una feminista árabe y musulmana”, quiere eliminar la brecha entre las mujeres laicas e islamitas, “una brecha que sigue existiendo aunque haya sido un poco dejada de lado por la actual focalización en la democratización”.

Dentro del islam, todo


Los cambios más importantes se producen entre las mujeres islamitas, enfrentadas a una versión más suave y progresista del “nuevo islam”. Dalia Salaheldin, de 35 años, trabaja como periodista en Islamonline (IOL) 1, un sitio pionero en inglés y árabe, creado en 1999. Comenzó a llevar el velo en la universidad, contra la voluntad de sus padres. Es una apasionada de su trabajo: “Es más que un trabajo, es la elección de mi vida. IOL intenta mostrar la realidad del islam que ha sido deformada a lo largo de los años. La tradición oscureció a la religión. Pienso que es culpa de los musulmanes”.
Samar Dowidar, también de 35 años de edad, se ocupa de las cuestiones sociales en el sitio árabe de IOL. Recibe 600 cartas por semana, un tercio de las cuales están relacionadas con temas “sensibles” como la droga, el adulterio, la homosexualidad, la masturbación. Algunas de ellas son publicadas con respuestas, lo que forma parte de un islam nuevo y abierto.
Dalia Youssef, 27 años, quien se define como una “militante musulmana”, explica que trabajar en Islamonline era su sueño y amplió sus horizontes: “El movimiento de mujeres se consideraba no confesional y las islamitas eran reaccionarias y estaban a la defensiva”. Parece convencida de ello: “Nosotros, islamitas, nos volvimos más abiertos y nuestro pensamiento es más elaborado. Reconocemos la existencia de problemas y tratamos de ver cómo resolverlos. Esto acerca a las nuevas generaciones no confesionales o islamitas”.
Los fundadores de IOL han contribuido a difundir el “nuevo islam” en Egipto. Resultado de la mundialización, la televisión satelital, los videoclips, los predicadores carismáticos como Amr Khaled proponen una vida mejor, una combinación de bienestar material y Dios. Esta mezcla favorece un “pensamiento positivo”; para las mujeres, se trata ante todo de fomentar la confianza en sí mismas y la asunción de responsabilidades.
Esto es particularmente cierto en el campo de la religión. Cada vez más se piden predicadoras mujeres, y la Universidad musulmana de Al-Azhar abrió para ellas una sección especial en 1999. El ministro de Asuntos Religiosos anunció en abril de 2005 que seleccionaría a 52 mujeres formadas (entre 800 candidatas) para desempeñar el papel de imanes en las oraciones... reservadas a las mujeres. Shirin Sathy es una de las más populares: su oración de los días miércoles, en la mezquita Sidiqi, en el próspero barrio de Heliópolis, convoca a una multitud de 400 mujeres. La mezquita está repleta, pero el clima es distendido: mujeres de clase media, de diversas edades, con distintos tipos de velo, conversan, rezan, leen mensajes en sus teléfonos móviles. Sahy llega con un vestido negro y una enorme kheima (chal en la cabeza) blanca. Hechizado, el público sigue su prédica, transmitida por altoparlantes.

Entre la sharia y la autoayuda


Magda Amer es un personaje sorprendente, con su cabello pelirrojo enrulado, labios muy pintados y una enorme sonrisa. De joven no era practicante, pero ahora enseña los derechos de las mujeres, el fiqh y la sharia 2, que estudió durante cuatro años en Al-Azhar. También predica en la mezquita Sidiqi y no duda en utilizar textos occidentales populares, como Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus 3: “Tomo lo que es positivo y conforme al islam. Me centro en el arte de tratar con los hombres y en lo que les sucede a las mujeres por no saber hacerlo. Les enseño a no preguntar: ‘¿Dónde estabas? ¿Por qué llegaste tarde?’. Con todos estos consejos –concluye– salvé muchos matrimonios”. Esto no es todo. Magda enseña también inmunología, y hace tres años abrió en Heliópolis un negocio de productos dietéticos donde vende arroz negro, trigo, cebada y sésamo cultivados en Egipto. Su local forma parte de un waqf  4 y las ganancias son destinadas a la mezquita. Es también un lugar donde puede curar a la gente, aunque no oficialmente.
Otra práctica que se desarrolla en la clase media de El Cairo: las reuniones privadas para la formación religiosa. Las invitaciones se hacen de boca en boca (no están autorizadas oficialmente). Estos salones islámicos, o halaqat (círculos) fueron lanzados en los años 1990 por Suzie Mazhar, una mujer rica y devota. Al principio, antes de las predicadoras mujeres, era un predicador hombre, oculto detrás de una cortina, el que pronunciaba las oraciones. Suzie reclutó a numerosas actrices y bailarinas “arrepentidas” (sic), como la muy atractiva Chems Al-Baroudi, conocida como “la tentadora” quien, junto con otras, dejó de actuar inmediatamente, se colocó un neqab (un velo en el rostro) y comenzó a estudiar el islam. Como se ve, el compromiso en actividades femeninas no conduce necesariamente a una liberación.
También abundan las mujeres mufti (muftiyya). Diplomadas en Al-Azhar, versadas en el Corán, los hadith y la Sunna 5, estas mujeres practican la ijtihad 6 y pronuncian las fatwas para resolver los problemas de la gente, de acuerdo con la sharia, pero con una comprensión real de los problemas de la vida cotidiana. Desde hace cuatro años, se desarrolla una campaña para que se reconozca oficialmente su estatuto. A la espera de una decisión del presidente Mubarak, la Universidad de Al-Azhar designó a mujeres como decanas en la Facultad de Estudios Islámicos, y tanto el diario oficial Al-Ahram como la televisión estatal difunden fatwas de mujeres. Islamonline tiene su propia muftiyya, la profesora Souad Saleh, una de las decanas de la Universidad de Al-Azhar.
La sección de fatwas de IOL responde de esta manera a una pregunta sobre el derecho de un hombre a imponer el velo a su mujer: “El hidjab es un deber para con Dios y la mujer debe obedecer esa orden y mostrar su fe sincera en Dios. Sin embargo, imponer esto a su mujer es negativo. Usted debe ser paciente y apelar a sus sentimientos”. Sobre la posibilidad de practicar fellatios: “Todos los actos que satisfacen y agradan a las esposas son aceptados, salvo dos: el sexo anal y el sexo durante la menstruación. Se permite pues a maridos y esposas practicar cunnilingus y fellatios”.
En otros campos también las mujeres escandalizan en nombre del islam. Heba Qutb es una militante musulmana que lleva el velo e hizo dos doctorados, uno de ellos en la Universidad Maimónides de Florida. También es una especialista en terapias sexuales. En su clínica de Mohaneseen, trata principalmente problemas de hombres. Escribió un estudio sobre la sexualidad en el islam. “Soy una pionera: el desafío es cambiar la visión del islam. Mis investigaciones sobre las fuentes islámicas me permitieron comprender que el islam había contemplado el lugar de las relaciones sexuales en el matrimonio, mucho antes que los demás.”
Para quienes participan en ellas, estas actividades son liberadoras. Pero ¿cambiaron acaso las actitudes fundamentales? En Islamonline, seguramente. En los salones islámicos y las mezquitas, todavía no. Pero, ¿quién puede decir adónde conducirá el llamado a que las mujeres asuman responsabilidades?
  1. http://www.islamonline.com
  2. La sharia es la ley islámica. El fiqh, su interpretación.
  3. John Gray, Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, Ed. Océano, Buenos Aires, 2003.
  4. Los waqf son bienes inalienables.
  5. Los hadith son los dichos y las acciones de Mahoma y sus compañeros, reunidos en la Sunna.
  6. Esfuerzo de interpretación personal a partir del Corán y la Sunna.


Autor/es Hussam Tammam
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 75 - Septiembre 2005
Páginas:23,24,25
Traducción Lucía Vera
Temas Estado (Política), Movimientos Sociales, Islamismo
Países Egipto