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Un viejo “desperfecto demográfico”

Además de los males experimentados por la mayoría de sus vecinos, Alemania padece uno propio: una sustancial regresión demográfica, de consecuencias conmocionantes para su futuro. A pesar de algunas predicciones positivas que pronostican una mejor calidad de vida, una drástica disminución poblacional plantearía graves problemas económicos, financieros y sociales.

El indicador coyuntural de fecundidad (promedio de hijos por alemana) cayó de 2,03 en 1970 a 1,56 en 1980, luego a 1,25 en 1995. Desde entonces, se recuperó levemente: 1,31 en 2002 (1,4 en el Oeste y 1,2 en el Este). Según el profesor Herwig Birg, de la Universidad de Bielefeld, si se estabilizara en 1,35 llevaría la población de la República Federal Alemana (RFA) -que cuenta con 80 millones de habitantes- a 77 millones en 2030, 68 en 2050 y 53 en 2080 1. ¡Y esta proyección incluye un saldo migratorio positivo anual de 170.000 personas! Sin lo cual, incluso con una tasa de natalidad de 1,5 (promedio de la Unión Europea), el país no tendría más que 55,4 millones de habitantes en 2050.

La inmigración cumplirá pues un papel clave en esta evolución. Así, cuando los servicios de estadísticas federales estiman en 80 millones el número de alemanes en el futuro, cuentan con una tasa de natalidad de 1,4 pero también con la acogida de 200.000 a 300.000 inmigrantes por año a partir de 2011, o sea, unos quince millones en total de aquí a 2050. Perspectiva poco plausible. La RFA censó en 2003 a 7,3 millones de extranjeros -entre ellos 1,8 millón de turcos y 560.000 yugoslavos- sobre 75 millones de alemanes, o sea un 9%. Las dos olas principales que llegaron tuvieron lugar entre 1965 y 1975 con la de los trabajadores turcos, luego entre 1990 y 1993, después de la caída del Muro, con la de los Spätaussiedler -los "alemanes por filiación" de Europa del Este- y los refugiados de los Balcanes. De allí en más, el flujo disminuyó: de 596.392 en 1992 a 55.216 en 2004...

Una inmigración compensatoria anual de 170.000 personas en treinta años acarrearía por lo demás una profunda mixtura de la población, más aun cuando la tasa de natalidad de las mujeres procedentes de la inmigración es de 1,9; contra 1,3 para las alemanas occidentales: los nuevos migrantes representarían el 26% de la población en 2050 y el 44% en 2080. El profesor Birg asegura que esto es inaceptable para "la mayoría de la población" 2. El desempleo, que afecta a cinco millones de alemanes, y el rechazo de la sociedad "multicultural" por parte de la Alemania conservadora impedirían cualquier nueva ola de inmigración masiva.

Para comprender esta situación, hay que rever el tabú de la política familiar. Porque la caída de la natalidad alemana tiene en primer lugar razones estructurales clásicas. Sólo se revertirá cuando las mujeres, en lugar de tener que elegir entre el trabajo o los hijos, puedan considerarlos compatibles. Pero el actual dilema se apoya en una tradición específica de Alemania. Fundado en la ideología de las tres K (Kinder, Küche, Kirche: los niños, la cocina, la iglesia), reforzado por décadas de política conservadora de la democracia cristiana (CDU-CSU), "el movimiento de mujeres no ha destruido" el dogma de la mujer-madre. La RFA ofrece así una nueva variante de "matriarcado esclarecido" 3.

O profesional o madre 

Como se sigue suponiendo que la madre debe consagrarse exclusivamente a la educación de sus hijos pequeños, hace tres décadas que los servicios de atención para los menores de cinco años no se han desarrollado, subraya Renate Schmidt, ministra socialdemócrata de la Familia 4. Y si el 53% integrado por los padres que educan solos a sus hijos lo lamentan, el 61% correspondiente a los padres que viven en pareja están satisfechos, en conformidad con el sacrosanto principio "él trabaja, yo me ocupo de la familia".

De allí la renuncia a la maternidad de numerosas mujeres apegadas a su autonomía y su oficio. Una mujer-madre no puede realizar estudios largos, menos aun someterse a las exigencias de una carrera. "Por un lado, no hay bastantes niños, por el otro, hay un número insuficiente de mujeres que acceden a un empleo", observa Renate Köcher, del Instituto Allensbach 5. De hecho, un tercio de las parejas sin hijos de entre 19 y 49 años prefiere permanecer "independiente, sin carga familiar". El 40% de ellos dice que es a causa de las incertidumbres profesionales; el 9% invoca la falta de servicios de atención para los niños 6. El Instituto federal de investigación demográfica llega aun más lejos: "El ideal de vivir sin niños ha cristalizado en los últimos años". Por su parte, el demógrafo austríaco Wolfgang Lutz habla de "cultura de la baja fertilidad" 7. "La renuncia a los niños es una renuncia a la vida", se lamenta el ministro Otto Schilly (SPD).

Kinderfeindlich (hostil a la infancia): así se pinta Alemania. "Tener hijos, fundar una familia -comenta el diario Berliner Zeitung- significa, para muchas parejas y mujeres, el fin de la alegría de vivir, la espontaneidad y la libertad. (Los niños) cuestan dinero, tiempo, (...) son ruidosos, exigentes, difíciles, y desvían de la carrera (...) y de la sociedad del placer de las grandes ciudades" 8. La voluntad del gobierno Schröder, en su plan de acción del 16-2-05, que apunta a transformar Alemania, en 2010, en uno de los países de Europa "con mejores servicios de atención para los niños" se topa en consecuencia con fenómenos profundamente arraigados. La caída de la tasa de natalidad en la década de 1970, frecuentemente atribuida a la revuelta de 1968 y a los métodos anticonceptivos, remite al pasado de Alemania.

Después de la Guerra se ha excluido toda política natalista 9, ya que hubiera recordado la época en que "los nazis galardonaban a las mujeres más fecundas con la cruz del mérito". El escritor Günter Grass describió con humor, en Partos mentales 10, ese "complejo de la descendencia" interiorizado por su generación. El autor pone en escena a una pareja que, en ocasión de un viaje en bicicleta por Asia, se pregunta si puede tener un hijo: "Y si el mundo tuviera en el futuro 900 millones de alemanes ¡con 100 millones de sajones y 120 millones de suavos entre ellos! ¿Soportaría el mundo a 900 millones de alemanes -sajones y suavos incluidos- que, con una tasa de natalidad mantenida estrictamente en 1,2, llegarían a 1.200 millones en el año 2000, como soporta hoy a 900 millones de chinos?".

¿Ventaja o ruina? 

Pero hay algo aun más extraño. Se ha difundido la idea de que la reducción de la tasa de natalidad facilitaría la solución de los problemas del país. Desempleo, recurso a la inmigración, temores de los vecinos frente a una Alemania demasiado poblada: el decrecimiento demográfico aparece como una alternativa política. "Vamos a ser menos": bajo este título, el semanario Die Zeit traza el retrato futurista de la Alemania de 2050. El descenso de la población incrementará la calidad de vida. "Con seguridad gastaremos menos en el auto y el hábitat y más en servicios asistenciales, en el mantenimiento de nuestra salud, lo cual no tendrá a fin de cuentas ninguna consecuencia sobre la tasa de crecimiento", estima Bert Rurup, miembro del Consejo Económico del gobierno 11. El medio ambiente también se verá beneficiado. Habrá más espacios verdes, las ciudades estarán menos congestionadas; el nuevo avance de las áreas boscosas debería incluso permitir el regreso de los lobos a través de Polonia.

Pero muchos expertos no comparten esta visión color de rosa. Subrayan que la disminución sensible de la población acarreará una disminución análoga del consumo. Los empresarios reducirán en igual medida sus inversiones. La disminución del número de activos en el trabajo amenazará el porvenir de los regímenes jubilatorios. Los equipamientos e infraestructuras, que se volverán desproporcionados, costarán muy caro a una población reducida, al igual que los indispensables servicios públicos. El retroceso demográfico conducirá no a una distribución más armónica entre ciudades y campo, sino a la desertificación de ciertas regiones mientras en otras los habitantes se concentrarán aun más, en detrimento del medio ambiente.

Este debate es decisivo. Porque Alemania no sabe hacia dónde va, en la medida en que tres factores suplementarios conjugarán sus efectos en el horizonte de 2010/2015. El desmantelamiento del Estado social puesto en marcha por el canciller Schröder -y que se profundizaría con una victoria de la CDU-CSU- habrá concluido, al tiempo que se detendrá la ayuda financiera al Este. Se iniciará entonces una transición entre generaciones desiguales, que confrontará a la República Federal de Alemania a un desafío económico y social de una magnitud comparable al de la unificación. Y ya no hay quien no reconozca que el saldo de esta última es un verdadero fiasco económico.

  1. Herwig Birg, "Auswirkungen und Kosten der Zuwanderung nach Deutschland", Bielefeld, diciembre de 2001.
  2. Op. cit.
  3. Tissy Brun, "Väter, schwache Geschlecht" (Los padres, sexo débil), Der Tagesspiegel, Berlín, 30-1-05.
  4. Spiegel Online, 10-10-04.
  5. Véase www.demoskopie.de
  6. Según un estudio de la revista Eltern y del instituto de sondeo Forsa (10-1-05).
  7. Suddeutsche Zeitung, Munich, 5-5-05.
  8. 17-2-05.
  9. Severin Weiland, "Das Tabu Bevölkerungspolitik", Der Spiegel, Hamburgo, 6-4-04.
  10. Günter Grass, Partos mentales o los alemanes se extinguen, Alfaguara, Madrid, 2001.
  11. Die Zeit, Hamburgo, 14-10-04.
Autor/es Michel Verrier
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 75 - Septiembre 2005
Páginas:22
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Sociología
Países Alemania (ex RDA y RFA)