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Andar por sus propios pies

El Mercosur, mañana quizá la Unión Sudamericana, no son sólo opciones ideológicas como pretenden sus detractores, sino ante todo necesidad estratégica nacional de cada uno de sus integrantes. Esto porque el capitalismo mundial ha ingresado en una fase muy compleja, cuyas características principales son la primacía de la especulación financiera sobre las inversiones productivas y la extrema movilidad de capitales; los aumentos de producción y productividad con menor recurso al trabajo humano y el desplazamiento de las fuentes de producción de un país a otro -las llamadas deslocalizaciones- en busca de menores costos, sobre todo salariales, y menores exigencias impositivas, laborales, sanitarias, ecológicas, etc. La consigna "desregular", verdadera obsesión neoliberal, está dictada por la necesidad capitalista de mantener una tasa de ganancia que desde hace años tiende obstinadamente a reducirse en los centros de producción de los países centrales.

El resultado en los países no desarrollados viene siendo la pérdida de control de las principales variables de la economía por parte del Estado y las dirigencias nacionales; una extrema inestabilidad económica y financiera; la caída en picada de los ingresos de las clases media y trabajadora y la aparición de la marginalidad masiva, en contraste con el espectacular aumento de la riqueza de un sector muy minoritario de la población. Se ha dicho hasta el cansancio, pero conviene repetirlo: el mejor ejemplo de este fenómeno y sus resultados es la República Argentina, el país que mejor y con más consecuencia aplicó las recetas neoliberales del llamado "Consenso de Washington": en tres décadas pasó de ser el país más igualitario y socialmente integrado de América Latina a uno de los más empobrecidos e injustos. Ahora mismo, después de tres años de recuperación bastante espectacular luego de la crisis de 2001, Argentina exhibe un índice de pobreza que alcanza al 38,5% de su población; 47,2% de empleo en negro y 15,6% de desempleo 1. Y un dato extremadamente significativo: el sector industrial ya recuperó los niveles de producción de 1997 (después de haber caído a niveles de los '70), pero con un 14,6% menos de trabajadores... 2.

Más retórica que progresos 

La catástrofe social que el neoliberalismo provocó en todos los países latinoamericanos tuvo efectos políticos: en pocos años el subcontinente pasó de estar gobernado por una dirigencia totalmente enfeudada a las recetas del FMI y los organismos de crédito internacionales controlados por los países desarrollados, a dotarse democráticamente de gobiernos cuyas promesas electorales consistieron, grosso modo y con matices, en acabar con esa situación. Ha sido el caso en Chile, Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador y pronto, probablemente, en Bolivia y México.

En América del Sur, esta efervescencia de cambio viene dando lugar a proyectos que van desde la ampliación y consolidación del Mercosur hasta una ambiciosa Unión Sudamericana, pasando por una serie creciente de acuerdos bilaterales entre Estados. No obstante, la disparidad cronológica, de circunstancias históricas, políticas y sociales; la precariedad de algunos gobiernos (fue el caso del argentino hasta las elecciones legislativas del 23 de octubre pasado; viene siendo el de Brasil desde que estallaron los escándalos por corrupción), no han permitido hasta ahora avanzar en ese sentido más allá de la retórica y algunos acuerdos puntuales.

A esto debe agregarse el cortejo sistemático, las promesas y sobre todo las presiones que ejercen tanto Estados Unidos como la Unión Europea por atraer hacia su órbita a la región, uno de los más prometedores mercados y mayores reservas de riqueza del planeta. Algunos países latinoamericanos ya han escuchado esos cantos de sirena. Es el caso de México, que firmó hace una década un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá; o el de Chile, que en su condición de "Estado asociado" del Mercosur, pudo firmar un tratado bilateral con Estados Unidos. De haber sido miembro pleno, Chile se hubiese visto obligado a negociar dentro del bloque, una condición que deberá aceptar Venezuela a partir de diciembre, cuando se incorpore formalmente al Mercosur 3. La decisión de negociar en bloque ante los grandes países o conjuntos de países tomada por los miembros del Mercosur es hasta ahora el único pilar estratégico del bloque regional, que en otros terrenos no ha conseguido casi superar la fase de ciertos acuerdos comerciales y aduaneros. En cuanto a la Unión Sudamericana, sus perspectivas de concreción siguen muy lejanas (págs. 4 a 6), aunque la realidad podría acercarlas en cualquier momento.

Crisis capitalista 

Es que, más allá de sus diferencias y con excepción de Venezuela 4, los distintos gobiernos regionales no parecen tener conciencia cabal del interés y la necesidad que los une: para cada uno de ellos, el futuro de desarrollo y progreso está mucho más localizado en sus vecinos, en la propia región y en los otros países emergentes del Sur, que en los países desarrollados.

Se podría hacer toda una tesis con esto, pero basta con asomarse a la realidad que reflejaban el mes pasado los medios de comunicación del propio sistema: Eurotúnel despide a un 25% de su personal; Ford cerrará fábricas en Estados Unidos; Seat (Fiat) reducirá los salarios o despedirá a 1.400 trabajadores en Barcelona; The New York Times despedirá a 500 trabajadores; Mercedes Benz suprime el 10% de los puestos en Alemania; Hewlett-Packard otro tanto en Francia 5 y las deslocalizaciones de empresas se muestran imparables 6.

El fenómeno del desempleo estructural y sus consecuencias está lejos de ser abordado de frente por los responsables de los países desarrollados, que por el momento siguen poniendo todas sus esperanzas en "el mercado" y las empresas. Pero uno y otras responden con su propia lógica, que nada tiene que ver con las necesidades nacionales, sociales o democráticas. Mientras los analistas serios de todo el mundo debaten sobre si la crisis global del capitalismo se resolverá con un "aterrizaje soft" o un crash, es decir con una recesión mundial más o menos controlada o con una crisis grave 7, dos ejemplos de uno y otro lado del Atlántico muestran cómo funcionan las cosas. En Estados Unidos, ante la quiebra de Delphi, una importante compañía "tercerizada" por General Motors, un famoso economista se pregunta: "¿Por qué se otorgaron importantes indemnizaciones a ejecutivos mientras se demandaba rebaja de salarios? ¿Por qué, cuando General Motors ganaba dinero, pagó grandes dividendos a los accionistas pero no puso suficiente dinero para asegurar la jubilación de los trabajadores?"; y afirma que "Estados Unidos es mucho más rico que en los '70, pero el salario de un trabajador medio apenas siguió a la inflación" 8. En Francia, al día siguiente de una huelga general y manifestaciones que movilizaron a un millón de personas, la Bolsa exhibía "una insolente salud (...) el CAC 40, índice de las 40 más grandes empresas, subió más del 20% desde principios de año (...) ¿Los mercados financieros estarán nuevamente desconectados de la economía real? El crecimiento francés patina. Los sindicatos se movilizan para denunciar la precariedad laboral. Los consumidores verifican diariamente la erosión de su poder de compra" 9.

Ejecutivos y empresas que ganan fortunas; Estados y trabajadores que se pauperizan; conflictos sociales. ¿No conforma esto acaso todo un modelo económico, social y a término político, ya que nadie podría decir cómo resistirá la democracia semejante embate?

Un proyecto autónomo 

Si los países latinoamericanos quieren pues elegir la vía más prometedora para atravesar esta crisis de civilización y asomar con perspectivas a la fase posterior, todo parece indicar que deben mirar en derredor y formular proyectos comunes. Lo tienen todo: riquezas naturales, territorio, población, conocimiento, necesidades comunes, economías complementarias, mercados insatisfechos, incluso capitales. Respecto a esto último, no se trata sólo del "petróleo venezolano": casi todos los países -al menos los más importantes- tienen una renta nacional de diversa procedencia que explotar y/o recuperar; reformas tributarias progresivas a realizar; enormes fortunas en el exterior propiedad de connacionales que podrían regresar atraídas por buenos negocios y perspectivas de largo plazo y, por la misma razón, la posibilidad de atraer capitales de todo el mundo.

En las actuales condiciones de dispersión, inestabilidad e inseguridad política, económica, jurídica y social latinoamericanas, la integración energética y de infraestructuras, el Fondo Monetario Suramericano y otras tantas "utopías" del presidente Hugo Chávez, repercutidas hasta ahora más como un eco que con verdadera convicción por sus pares, son infinitamente más realistas que las esperanzas depositadas en inversiones productivas o un comercio justo con Estados Unidos o la Unión Europea.

Vistas las necesidades del capitalismo en esos centros de poder mundial, a América Latina no le queda otra salida que conformar su propio proyecto autónomo, basado en la consideración de que no necesariamente una inversión proveniente del sector privado de los países centrales, incluso productiva, será buena para el desarrollo y la integración social. Nuestros países deben fijar sus objetivos, prioridades y condiciones y, a partir de allí, negociar con quien sea. De otro modo, cuando la actual crisis capitalista acabe de una u otra manera, habrán sufrido sus peores consecuencias sin plantar un solo mojón para el porvenir.

  1. Daniel Muchnik, "Aunque la economía crece, la desigualdad social se agrava", Clarín, Buenos Aires, 3-10-05.
  2. Ismael Bermúdez, "Más producción con menos gente", Clarín, Buenos Aires, 22-10-05.
  3. Eleonora Gosman, "Un potencial socio que es bienvenido", Clarín, Buenos Aires, 17-10-05.
  4. No se distingue aquí a Cuba, a pesar de que sus posiciones son aún más radicales, porque su régimen político la exime en buena medida de las contradicciones que sacuden a los gobiernos de democracia representativa.
  5. Le Monde, París, 22-10-05; El País, Madrid, 21-10-05; Le Monde, París, 24-9-05 y 30-9-05.
  6. "Il n'y a plus vraiment de limites aux délocalisations...", declaraciones de Anne Miroux, jefa del servicio de análisis de inversiones de la CNUCED a Laurence Caramel, en Le Monde, París, 27-09-05.
  7. Eric Le Boucher, "Economia mondiale: Mr. Tout-va-bien contre Mr. Au-bord-du-gouffre", Le Monde, París, 19-9-05.
  8. Paul Krugman, "The big squeeze", International Herald Tribune, Miami, 18-10-05.
  9. Cécile Ducourtieux, "Insolente euphorie boursière", Le Monde, París, 7-10-05.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 77 - Noviembre 2005
Páginas:3