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¿Yasser Arafat fue asesinado?

El Presidente de la Autoridad Palestina falleció hace exactamente un año, el 11-11-04, en el Hospital Militar Percy de Clamart, en París. Aunque el prolongado sitio por parte del ejército israelí a su cuartel general de la Muqata lo había obligado a vivir en condiciones psicológicas y físicas penosas, el estado de Abu Ammar –como lo llamaban los palestinos– se había agravado súbitamente en las últimas semanas. Su médico personal, así como muchos dirigentes palestinos que lo manifestaron abiertamente, están convencidos: el rais fue envenenado por los israelíes.

A lo que hasta ahora sólo era una convicción íntima o un rumor, los medios de comunicación israelíes aportaron, estas últimas semanas, cierta dosis de credibilidad: contemplaron la posibilidad del "asesinato" del Presidente palestino. Este término brutal fue empleado, por ejemplo, el 30-9-05, por Yoram Binur, el corresponsal del segundo canal de televisión en los territorios ocupados. Tres semanas antes, el suplemento semanal del diario Haaretz 1 había titulado: "Arafat murió de sida o envenenado". En su artículo, sin embargo, los periodistas Amos Harel y Avi Isacharoff, citando a un especialista israelí, calificaban de "remota" la posibilidad de que Arafat hubiera contraído sida y señalaban que, para muchos médicos, los síntomas hacían pensar más bien en un envenenamiento. En una obra publicada en octubre de 2005 en París bajo el título La 7ème guerre d'Israel 2, estos dos autores consideran de hecho tres hipótesis, sin decidirse por ninguna: envenenamiento, sida o una simple infección. Y uno de los coautores, en privado, privilegia la primera...

¿Qué decían los médicos del Hospital Percy, uno de los mejores de Europa en hematología? Firmado el 19-11-04 por el jefe de servicio, el Dr. B. Pats, el informe médico confidencial concluía: "Al decimotercer día de internación en el Hospital de Instrucción del Ejército Percy y octavo día en el servicio de terapia intensiva, Yasser Arafat falleció como consecuencia de un accidente cerebrovascular hemorrágico masivo. Esta hemorragia cerebral complicó un cuadro clínico de cuatro síndromes concomitantes 3 (...). La consulta a un gran número de especialistas de diversas disciplinas y los resultados de los estudios realizados no permitieron determinar un marco nosológico que explique la concomitancia de estos síndromes".

Las amenazas de Sharon 

Esta "imprecisión" médica no es el único fundamento del rumor lanzado por los palestinos: éstos también se basan en la intención manifestada abiertamente por el Primer Ministro israelí, Ariel Sharon, de eliminar a Yasser Arafat. En la primavera de 2002, el general Sharon lanzó una nueva amenaza. Sólo la promesa que debió hacer al presidente George W. Bush le impedía llevarla a la práctica. Durante el año nuevo judío de 2004, el Primer Ministro insistía: "Arafat será expulsado de los territorios". ¿Expulsado o asesinado? Sharon recordó que Israel había asesinado al jeque Ahmed Yassin, jefe espiritual del Hamas, luego a su sucesor Abdel Aziz Rantisi. ¿Existe alguna diferencia entre Arafat, Yassin y Rantisi? Respuesta: "No veo ninguna. Así como actuamos contra estos asesinos, actuaremos contra Arafat" 4.

A comienzos de noviembre de 2004, el periodista Ouri Dan, un confidente del Primer Ministro, escribió que este último "anunció a Bush que ya no se consideraba obligado a respetar lo que le había prometido durante su primer encuentro en marzo de 2001 (a saber): no atacar a Arafat. El presidente Bush señaló que tal vez era preferible dejar el destino de Arafat en manos del Todopoderoso, a lo que Sharon respondió que a veces había que ayudar al Todopoderoso" 5.

En la Muqata habían tomado en serio estas declaraciones, más aun cuando la unidad de elite del ejército israelí, la Sayeret Matkal, se entrenaba para un eventual asalto al cuartel general de Arafat y, llegado el caso, para asesinarlo. El general Sharon habría incluso asistido a una de estas prácticas. Y nadie ignoraba cuánto lamentaba haber "dejado escapar" a Arafat durante el sitio de Beirut en 1982. El ministro de Defensa Shaul Mofaz y el ministro de Relaciones Exteriores Sylvan Shalom preconizaban también su asesinato. Y el corresponsal militar del segundo canal de televisión, Rony Daniel, describía a Arafat como "un muerto que camina"...

Por más convincente que fuere, la intención de los dirigentes israelíes de deshacerse del jefe palestino no podría, por sí sola, probar el envenenamiento. Es necesario pues remitirse al estado de salud del rais.

El 18-8-04 asistí personalmente al discurso del presidente Arafat ante el Consejo Legislativo Palestino, reunido en la Muqata. Durante dos horas pasó revista a los problemas de la actualidad, repitiendo dos o tres veces -como solía hacer- las frases clave de su intervención. De pie, con voz firme, no parecía enfermo.

El 28 de septiembre, en ocasión del cuarto aniversario de la Intifada de Al Aqsa, lo vi por última vez. Me saludó con el abrazo habitual y me preguntó cómo estaba. "Todo anda bien, al-hamdu li-llah (alabado sea Dios), pero usted, Abu Ammar, perdió mucho peso en poco tiempo". Se lo veía más delgado de cara, y parecía que su ropa le bailaba. "No es nada", respondió. Durante el almuerzo, participó activamente de la conversación comiendo -como siempre- muy poco. De repente, su vocero Nabil Abu Rudeina me dijo al oído: "Sería mejor que termináramos, porque Abu Ammar necesita descansar". Arafat me abrazó nuevamente y nos separamos.

En el mes de octubre, su estado de salud empeoró. El 12, cuatro horas después de cenar, empezó a sufrir dolores de estómago, vómitos y diarreas. Tratado como si tuviera una gripe intestinal, no reaccionó a los medicamentos. Los análisis de sangre revelaron que el número de plaquetas era muy bajo, pero el de leucocitos era estable. El 27 su estado se agravó súbitamente: perdió el conocimiento durante quince minutos. Yasser Abed Rabbo, que acababa de visitarlo, me confió: "Está muy grave, muy grave".

Al día siguiente llegaron médicos egipcios, luego tunecinos y finalmente jordanos. Sin lograr establecer el origen de su dolencia, sugirieron trasladar al enfermo a un hospital francés. El gobierno de Francia dio inmediatamente su autorización. El general Sharon, por intermedio de su jefe de Gabinete Dov Weissglas, aceptó no sólo su partida, sino también su regreso una vez recuperado y, cambiando extrañamente de actitud, propuso enviar médicos israelíes a París. El 29 de octubre, por la mañana, sus asistentes trasladaron a Abu Ammar desde el edificio en el que se encontraba encerrado desde hacía treinta y cinco meses en uno de los dos helicópteros enviados por Jordania. En lugar de su eterno keffieh, el rais llevaba un sombrero de piel y sonreía de un modo extraño: no era el Arafat que conocía desde nuestro primer encuentro en agosto de 1982, en el Beirut Oeste sitiado. Sus familiares lloraban cuando el helicóptero despegó rumbo a Amman, desde donde un avión sanitario militar francés lo trasladó a París.

Llegó consciente a Clamart, aunque muy débil. Los primeros estudios no revelaron leucemia ni tumores, sino una grave inflamación del tracto digestivo, que los médicos combatieron con fuertes dosis de antibióticos y antiinflamatorios. Su estado mejoró: caminó un poco en su habitación, habló por teléfono con el presidente Jacques Chirac y varios dirigentes palestinos. Sin embargo, el 3 de noviembre cayó repentinamente en coma. Padecía una serie de síntomas graves, atribuidos a una toxina desconocida que los médicos franceses no lograban detectar. Sólo un milagro podía salvarlo, decía su entorno. Dos semanas después de su llegada, el presidente Yasser Arafat cerraba los ojos para siempre.

La solidez de las hipótesis

Para explicar esta muerte súbita, la prensa israelí, tal como se dijo, mencionó tres posibles causas: infección, sida o envenenamiento. La hipótesis de la infección carece de fundamento médico: ningún médico francés, palestino, egipcio, tunecino o jordano afirmó haber descubierto un signo de infección en los estudios. Además, si ésta hubiera sido la causa de su enfermedad, Arafat habría podido combatirla con la ayuda de antibióticos.

La hipótesis del sida parece haber sido sostenida con el único fin de ensuciar la imagen del rais. Porque el mencionado artículo de Haaretz no aportó la más mínima prueba. Una investigación de The New York Times excluyó inmediatamente esta posibilidad. Los médicos franceses ni siquiera la mencionaron. Los médicos tunecinos realizaron un examen de HIV: dio negativo. "Es inconcebible -afirmaba un especialista israelí- que una enfermedad que duró dos semanas, con terribles diarreas, vómitos violentos, graves problemas en el aparato digestivo, y que produjo serios fenómenos de coagulación haya sido causada por el sida" 6. En realidad, ningún documento médico mencionaba esta enfermedad, reveló el Dr. Ashraf Al Kurdi, médico personal de Arafat durante más de veinte años.

Las autoridades israelíes calificaron de "estúpidas" y "malintencionadas" tales acusaciones. Del lado palestino, recordaron el intento de asesinato en Amman, el 25-9-97, de uno de los dirigentes de Hamas, Khaled Meshal: dos agentes de Mossad le habían inyectado, en plena calle, un veneno en la oreja. Enfurecido, el rey Hussein exigió que Israel proveyera inmediatamente el antídoto; en caso contrario Israel sería responsable de una crisis mayor entre ambos países. El Primer Ministro Benjamin Netanyahu aceptó entregar el antídoto y, para calmar los ánimos, liberó a setenta prisioneros palestinos, entre ellos el jeque Yassin.

Pero comparar no es confirmar: los médicos del Hospital Percy afirmaron, en su informe, no haber encontrado restos de veneno conocido. Por añadidura, solicitaron a otros dos laboratorios -el de gendarmería y el del ejército- investigar al respecto: en vano. Sin embargo, algunos especialistas consideran que pueden fabricarse fácilmente productos tóxicos desconocidos, algunos de los cuales desaparecen luego de hacer efecto...

Dirigentes israelíes -entre ellos Ehud Barak- sólo consideran el asesinato del Presidente palestino si éste no deja "ninguna huella israelí". De allí el recurso a un veneno indetectable: "Es sin duda lo que pasó", asegura. Un veterano periodista y especialista israelí, que prefiere mantenerse en el anonimato, contó a varios colegas que, apenas se conoció la enfermedad del jefe palestino, estaba convencido de que el rais había sido envenenado. Es más: tres personalidades vinculadas a la seguridad habrían discutido con él, por separado, sobre el mejor método a utilizar, y habrían llegado a la misma conclusión: el veneno. Era a comienzos de 2004...

Médico de los reyes hachemitas, el jordano Ashraf Al Kurdi atendía también a Abu Ammar, cuya historia clínica conocía de memoria. Él también, poco después del deceso de su paciente, declaró percibir indicios de envenenamiento. Había examinado a Arafat durante la fase crítica de su enfermedad, antes de su traslado a Francia, e ignoraba todo sobre los problemas sanguíneos que lo habrían abatido. Por eso exigía la creación de una comisión investigadora independiente, para llevar a cabo finalmente una autopsia que determinara las causas de su muerte. Dolores en los riñones y el estómago, total ausencia de apetito, disminución de plaquetas, considerable pérdida de peso, manchas rojas en la cara, piel amarillenta: "Cualquier médico le dirá que se trata de síntomas de envenenamiento" 7. Sólo una comisión de este tipo permitiría saber, en efecto, por sí o por no, si Arafat murió asesinado 8.

Yasser Arafat deseaba que lo enterraran en Jerusalén, en la Explanada de las Mezquitas, tercer lugar santo del islam. Al oponerse las autoridades israelíes, la dirección palestina eligió la Muqata, símbolo de la última lucha de Abu Ammar por la creación de un Estado palestino independiente. Una tumba del "padre" de la nación en su cuartel general devastado por un ejército de ocupación: ¿existe un símbolo más desgarrador?, se preguntan sus compañeros de ruta. Tras los funerales, numerosos ciudadanos, individuos y grupos, turistas e invitados oficiales, comenzaron a hacer allí una suerte de peregrinación.

La herencia de Yasser Arafat -dijo Michel Barnier, el entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, durante una visita a la Muqata en febrero de 2005- pertenece al pueblo palestino y a la historia. ¿Y los israelíes? "Son unos ilusos si creen que sus objetivos se concretarán después de la muerte de Arafat", declaró el Primer Ministro palestino Ahmad Qorei. Y agregó: "Un día extrañarán a Arafat".

  1. Haaretz, Tel Aviv, 9-9-05. El día anterior, The New York Times atribuía el deceso a una hemorragia provocada por una afección desconocida, pero señalaba que nada en la historia clínica probaba ni el envenenamiento ni el sida.
  2. Hachette Littératures, París, 2005.
  3. "Un síndrome digestivo inicial surgido treinta días antes, semejante a una enterocolitis; un síndrome hematológico que asocia una coagulación intravascular diseminada (CIVD) grave, una hemofagocitosis medular aislada sin síndrome de activación macrofágica sistémica, una ictericia colostática; un síndrome neurológico con estado estuporoso fluctuante, luego un coma".
  4. Yediot Aharonot, Tel Aviv, 14-9-04.
  5. Maariv, Tel Aviv, 4-11-04.
  6. Haaretz, 9-9-05.
  7. Haaretz, 9-9-05.
  8. Descontento con el trabajo de la Comisión designada en noviembre, el Consejo Legislativo Palestino creó, el 5 de octubre, una nueva comisión investigadora encargada de descubrir rápidamente las causas de la muerte del shahid.
Autor/es Amnon Kapeliuk
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 77 - Noviembre 2005
Páginas:22,23
Traducción Gustavo Recalde
Temas Conflictos Armados, Medios de comunicación
Países Francia, Israel, Palestina