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Recuadros:

Viñas de ira en la UBA

Inmersa en una crisis que no excluye cierta violencia y se refleja en la imposibilidad de elegir nuevo rector, la UBA no sale del marasmo. La parálisis del Consejo Superior, la escasa representatividad política de sus miembros y sus luchas facciosas revelan la necesidad de reformular el funcionamiento institucional.      

A pesar de que los plazos previstos en los estatutos se han cumplido hace ya varias semanas, a finales de junio pasado la Universidad de Buenos Aires (UBA) no había podido elegir todavía a su nuevo Rector. Sin duda, se trata de un hecho preocupante, en el que es posible advertir una expresión más de la debilidad de las instituciones argentinas. La Asamblea Universitaria que debía designar al sucesor de Guillermo Jaim Etcheverry no pudo reunirse por la presión y movilización de un grupo reducido de estudiantes, que impugnaron a uno de los candidatos y cuestionaron su misma composición. Esta Asamblea puede ser criticada desde distintos ángulos, pero en definitiva todos sus miembros fueron electos de acuerdo a las disposiciones vigentes en el estatuto, en el marco de un proceso que no recibió impugnaciones significativas. Los estudiantes cuestionaron a uno de los candidatos -Atilio Alterini- por sus antecedentes políticos. Sin embargo, los asambleístas, quienes tienen el deber de examinar la trayectoria pública, la idoneidad moral y técnica de los candidatos y escuchar sus descargos y propuestas para finalmente tomar una decisión, no pudieron ni siquiera reunirse e incluso varios episodios que culminaron con la suspensión de las asambleas aparecieron reñidos con lo que se espera suceda en la principal y más prestigiosa universidad del país.

 Reformar el estatuto

 Este signo de debilidad institucional debiera llevar a reconocer que el sistema de representación actualmente vigente en la Universidad de Buenos Aires adolece de problemas muy serios. El estatuto vigente en la UBA, aunque fue modificado muy levemente en los últimos años, data de la década de 1960 y está inspirado en las reglamentaciones que para reorganizar el sistema universitario surgieron luego de la caída del primer peronismo, en 1955. Este estatuto recuperaba muchos de los aspectos derivados de la experiencia de la Reforma Universitaria de 1918, incluso profundizándolos. Respetaba el principio de la autonomía universitaria y preveía una estructura de gobierno en la que la mitad de los cargos en los organismos directivos de las facultades quedaban en manos de los profesores ordinarios o regulares y distribuía el resto en forma similar entre graduados y estudiantes. En esta concepción de la Universidad, que por entonces iniciaba su proceso de masificación, se suponía que los docentes auxiliares -jefes de trabajos prácticos o ayudantes de primera y segunda categoría- iban a constituir, como había sucedido hasta entonces, un sector minoritario dentro del cuerpo docente y que, en el caso de los profesores, el interinato sería una condición provisoria hasta la sustanciación del concurso correspondiente.

Estos estatutos fueron recuperados cuando se inició el proceso de transición democrática en 1983, pero es evidente que su vigencia hoy genera graves problemas al funcionamiento de la Universidad. En principio, porque los docentes auxiliares no constituyen hoy una parte marginal del cuerpo docente universitario, sino que conforman el 75% del total. El porcentaje de profesores concursados, sobre el total de quienes enseñan en la UBA, no alcanza hoy el 20%.

En las décadas del '80 y '90 la UBA resolvió los problemas derivados del aumento de la matrícula y la masividad nombrando sobre todo auxiliares, alterando así la relación entre éstos y los profesores. El resultado, en términos políticos, es que el claustro de profesores, que ocupa prácticamente la mitad de los cargos en los organismos de gobierno, sólo representa hoy a una muy pequeña fracción de la comunidad docente. Basta comparar simplemente los datos de los docentes que surgen de los censos con el número de los votantes -la elección en el claustro de profesores es obligatoria- en la última elección. En varias facultades no llegan a un 10% del total de los docentes.

 Espacios de poder

 El tema merece sin duda un estudio más profundo. Una pregunta central a plantear es por qué la mayoría de las facultades -con excepciones como Agronomía, Veterinaria y Exactas- no han llevado a cabo los concursos. Pueden esbozarse distintas respuestas. Existen problemas burocráticos, administrativos, pero son los factores políticos los que juegan un papel central. El sistema de concursos ha quedado prisionero de las facciones que se disputan el poder en las facultades. Llevar a cabo un concurso y designar a un profesor titular, implica para los profesores concursados que dominan los consejos directivos incrementar o ceder espacios de poder 1.

En este punto las responsabilidades son compartidas entre los organismos de conducción central de la Universidad y las facultades. Pero es sobre todo en estas últimas donde descansa en principio la iniciativa para llamar los cargos a concurso, designar a los jurados y sustanciar las pruebas de oposición. Más allá de las excepciones y diferencias entre las distintas facultades, existen demoras muy significativas, que se extienden a varios años, entre el momento del llamado y la sustanciación.

Esto muestra la extensión del problema, que afecta a facultades tradicionales y orientadas en sus orígenes a la formación de profesionales liberales -Medicina-, a otras más modernas, relacionadas con la práctica de la investigación científica -Ciencias Sociales-, y también a instituciones gobernadas por grupos de muy distintas orientaciones políticas e ideológicas. Por otro lado, los intereses corporativos de los cuerpos de profesores obstaculizan a menudo las discusiones sobre las reformas de los planes de estudio, la conformación de nuevos cursos y las promociones de auxiliares e incluso de algunos profesores. Un sistema de concursos más abierto permitiría la renovación y, en alguna medida también, la democratización de este cuerpo. Esto constituye una de las razones por las que en universidades como la de Buenos Aires, el sistema de concursos se encuentra prácticamente colapsado.

 Buscar nuevos equilibrios

 La crisis de la UBA no tiene soluciones rápidas ni sencillas. De todos modos, es un hecho positivo que las cuestiones institucionales pasen a ocupar un lugar central en la discusión. Durante los últimos años, la agenda pública de los universitarios estuvo centrada casi exclusivamente en los problemas presupuestarios o en los temas salariales. Los docentes se movilizaron y centraron sus reclamos, como era natural, en la cuestión salarial, pero no en la extensión y el ejercicio de los derechos políticos o en la regularización de las plantas docentes. Si estos temas hubieran cobrado relevancia, -de hecho aparecieron ya en la Asamblea Universitaria celebrada en 2002- tal vez no se hubiera llegado a la situación actual 2.

Por supuesto, la concesión de los derechos políticos a actores hasta ahora marginados, como los docentes auxiliares o los profesores interinos, es fundamental para otorgarle una clara legitimidad al nuevo gobierno universitario. No es razonable que sectores que han contribuido durante años al funcionamiento de la institución universitaria ejerciendo responsabilidades al frente de cursos y en la mayoría de los casos cobrando sueldos bajísimos -o directamente en forma honoraria- se encuentren privados de la ciudadanía universitaria. Pero no es ciertamente una solución de fondo, básicamente porque en la universidad pública los docentes deben acceder a sus cargos a través de concursos públicos de antecedentes y oposición.

Por otra parte, pueden sin duda encontrarse distintas fórmulas para revisar el equilibrio entre los distintos sectores que componen la comunidad universitaria. Pero para entender los problemas de la vida universitaria es fundamental una estructura equilibrada que pondere de manera distinta el peso de diferentes actores con competencias diversas.

  1. Pablo Buchbinder, "Lucha facciosa y debilidad institucional", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, septiembre de 2004.
  2. Pablo Stancanelli, "Dirigentes aislados de los estudiantes", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, diciembre de 2002.

Representantes sin representados

Schejtman, Natalí

El conflicto desatado por la elección del nuevo rector de la UBA tuvo cierta correspondencia en las aulas y los pasillos de las facultades. Excepcionalmente, la posible asunción del candidato Atilio Alterini, cuestionado por haber ocupado un cargo oficial durante la dictadura, logró atraer la atención de una porción del estudiantado más bien escéptica o virgen de participación en la política universitaria. La agresión física que sufrieron el pasado 2 de mayo los estudiantes que se manifestaban en contra de Alterini en la facultad de Medicina también contribuyó a generar empatía entre algunos de estos estudiantes y se reflejó en una manifestación masiva de repudio. Pero más allá de una participación puntual, puertas adentro se verifica un cuestionamiento mayoritario a la representatividad de las “voces oficiales” de los estudiantes.
La elección de las autoridades de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) se realiza a partir de los representantes que surgen de las elecciones para centros de estudiantes, que con la excepción de ciertas facultades en las que se realizan cada dos años junto a las elecciones de consejeros estudiantiles –Derecho, Medicina o Farmacia– no son obligatorias. Así, si se analizan y cruzan los datos aproximativos brindados por la FUBA sobre la cantidad de estudiantes que votaron de manera voluntaria para los distintos centros estudiantiles en la última elección (2005) con la cantidad de alumnos de cada carrera, según el último censo (2004), el porcentaje de votantes varía entre un 15 y casi un 50%. No están incluidos los centros de Ciencias Económicas (ocupado por Franja Morada) y de Odontología, que la FUBA no reconoce debido a “elecciones fraudulentas”, como señala Agustín Vanella, ex presidente de la federación estudiantil durante tres mandatos en representación del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST). El último de sus mandatos se autoprorrogó por casi un año y medio debido a la suspensión de los congresos de 2004 y 2005 por falta de quórum. Finalmente el congreso se realizó en mayo de este año, en medio de fuertes críticas y con la ausencia de aquellos centros que apoyaban a Alterini (Medicina, Derecho, Ciencias Económicas, Odontología y Farmacia) que decidieron crear una Federación paralela.
Una situación silmilar se produjo a fines de junio en Mar del Plata, cuando Franja Morada renovó su mandato en la presidencia de la Federación Universitaria Argentina (FUA), en un congreso donde el debate dejó su lugar a las negociaciones por alianzas que garanticen votos y cargos en la federación. Las agrupaciones de izquierda no votaron para denunciar el carácter antidemocrático del Congreso; sin embargo acreditaron a sus representantes, convalidando los resultados 1.
El escaso porcentaje de estudiantes que votan en las elecciones no obligatorias refleja la escisión existente entre el estudiantado y sus representantes, ya sea por antipatía explícita o simple desinterés de la mayoría. Las particularidades de la política universitaria y de su dirigencia explican el fenómeno. Las agrupaciones y partidos de izquierda (entre ellos el MST y el Partido Obrero, PO), que gobiernan la FUBA desde 2002, no lograron afianzar el vínculo con los estudiantes, como anunciaron cuando asumieron, junto con agrupaciones independientes, la presidencia de la federación 2. Los estudiantes están saturados tanto por las formas como por el contenido de la política universitaria, encarnada en caras repetidas y en discursos tan duros como impermeables al debate y poco sensibles respecto del pulso estudiantil. Este panorama espanta a los desinteresados –que no esbozan críticas argumentadas ni sensatas– pero también a otros estudiantes con mayores inquietudes políticas, que descartan la militancia universitaria como espacio de discusión posible y con ella, la discusión misma sobre la universidad pública. Vanella reconoce que hay puntos sobre los que la izquierda universitaria debe reflexionar: “No se puede razonar empapados en estalinismo. A veces la izquierda quiere reglamentar todo. Pero yo creo que a muchos nos interesa la apertura, que también incluye buscar nuevos espacios de discusión, y no los que atraen sólo a los partidos”.
Apertura que no se encuentra por ejemplo en las asambleas, encuentros “abiertos” para tratar algún conflicto que muchas veces terminan siendo una sucesión de acartonados discursos de una burocracia estudiantil dominada por los partidos.
Axel Kicilloff es doctor en Economía, profesor de Historia del pensamiento económico y fundador de la agrupación independiente TNT, cuando la prioridad era romper con la hegemonía de Franja Morada, que bajo el decano Oscar Schuberoff se prolongó desde el regreso de la democracia hasta la crisis de 2001. Kicilloff cree que la escasa representatividad de los dirigentes estudiantiles y la desmovilización de la mayoría se deben al deterioro económico y a una privatización no declarada de la universidad, como la que implica que parte de los docentes haya buscado un financiamiento paralelo al del Estado: “Una universidad que va tomando las características de una universidad privada ya no es pública por sus objetivos. Si se pone a la búsqueda de recursos, el estudiantado no tiene ningún papel en ese objetivo”.
Actualmente surge una nueva ola de agrupaciones denominadas independientes. Hace unas semanas, un congreso reunió a NBI, El Base, El Germen, Sinergia, Síntesis, Prisma y En Acto, entre otras. Allí analizaron la situación de las distintas facultades y se formuló la intención de repolitizarlas desde un discurso distinto. Diego García, de En Acto (Filosofía y Letras), considera que la dirigencia de la FUBA falla, entre otras cosas, en su atención a los problemas específicos de los estudiantes: “Se prioriza desproporcionadamente la construcción a nivel nacional. No puede ser que una fuerza transformadora no pueda tratar con seriedad temas como la organización de las cátedras, el funcionamiento de la biblioteca o, por qué no, la limpieza”. En base a su experiencia con TNT, Kicilloff confía en el resurgimiento de las independientes: “tienen la oportunidad de abrir un debate que discuta la universidad en sí misma y que atraiga a los estudiantes. La disyuntiva no es si la universidad se mantiene alejada o no de lo que pasa en el país”.
La repolitización de los estudiantes al margen de las burocracias avanza con timidez pero firme, y si aún los indicios son más bien escasos, la intención de reflexionar sobre qué es y qué debería ser la política universitaria al margen del discurso anquilosado y por momento delirante de la “izquierda”, o de las argucias propias de burocracias políticas “mayores” (es el caso de Franja Morada) crece día a día.

  1. Javier Lorca, “La federación estudiantil vuelve a teñirse de morado”, Página/12, Buenos Aires, 26-6-06.
  2. Pablo Stancanelli, “Los estudiantes vienen marchando”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2002.


Artículos publicados

“La decadencia de la educación
argentina”, por Guillermo Jaim Etcheverry, octubre de 1999
“Sistemático desguace de la Universidad Pública”, por Irma Antognazzi, abril de 2000
Dossier “Universidad y mercado”,
abril de 2001
“La educación superior, vampirizada por las empresas”, por Ibrahim Warde
“Imperceptible traición de los intelectuales”, por Alain Accardo y Philippe Corcuff
“Casas de estudio en busca de fondos”, por Susana E. Vior y María Luz Bertoni
“Los estudiantes vienen marchando”,
por Pablo Stancanelli, marzo de 2002
“Dirigentes aislados de los estudiantes”, por Pablo Stancanelli, diciembre de 2002
Dossier “La batalla de la educación”,
julio de 2003
“Educación, presente y futuro”,
por Carlos Gabetta
“El mito de una sociedad bien educada”, por Susana E. Vior
“La óptica mercantilista de la banca
multilateral”, por Stella Venegas Calle
y Óliver Mora Toscano
Dossier “Educación”, mayo de 2004
“Falta un plan educativo global”,
por Susana Vior
“Apogeo y decadencia”, por Susana Vior
“En defensa de un derecho social”,
por Juan José Borrell
“Repensar la universidad argentina”,
por Mariana Canavese, septiembre de 2004
“Lucha facciosa y debilidad institucional”, por Pablo Buchbinder, sep. de 2004


Autor/es Pablo Buchbinder
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 85 - Julio 2006
Páginas:12,13
Temas Políticas Locales, Educación
Países Argentina