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Recuadros:

Segregación en Irlanda del Norte

El 24 de noviembre de 2006 marca el vencimiento del plazo estipulado por Londres a los principales partidos de Irlanda del Norte, el Sinn Féin (SF) y el Partido Demócrata Unionista (DUP): deberán llegar a un acuerdo para gobernar de forma conjunta, de lo contrario las autoridades británicas continuarán ejerciendo directamente el poder. Pero en los últimos años, se produjo una consolidación de las identidades “étnicas”, ampliando la distancia que separa a católicos y protestantes, quienes viven en mundos paralelos, y a veces enfrentados.

Ballymena cuenta con 30.000 habitantes, 80% protestantes y 20% católicos 1. Es una ciudad próspera donde -según las últimas estadísticas policiales- entre abril y agosto de 2005 se registraron 80 incidentes sectarios. La iglesia católica de Harryville, situada en un barrio protestante, fue agredida con bombas incendiarias y durante dos años sus fieles fueron intimidados por manifestantes agresivos cada sábado por la tarde, cuando se dirigían a misa. Delante del edificio alguien pintó una gran mano roja, símbolo del Ulster leal a la Corona. A poca distancia puede verse un mural en homenaje a la Asociación de Defensa del Ulster (UDA), compuesta por paramilitares nostálgicos del Ulster autónomo (1921-1972). "Un Parlamento protestante y un Estado protestante", según reconocieron sus propios gobernantes 2, que discriminaba a la minoría "papista" en el acceso al trabajo y a la vivienda y particularmente durante las elecciones. Vinculados a la extrema derecha británica, esos partidarios de la "supremacía" no ocultan su admiración por Ariel Sharon. Su lema es: "Por Dios y el Ulster". Durante el conflicto que costó la vida a 3.500 personas, entre 1968 y 1998, la Sudáfrica del apartheid les suministraba armas.

Producto de una descolonización fallida, Irlanda del Norte es una entidad política condenada a la inestabilidad a causa de la falta total de legitimidad frente a la importante minoría católica, favorable a la unificación de la isla. El acuerdo de paz del 10 de abril de 1998 posee dos denominaciones, lo que en sí ya es un símbolo: "Acuerdo del Viernes Santo" para los católicos y "Acuerdo de Belfast" para los protestantes. Ese plan para compartir el poder fue presentado a los primeros como una etapa hacia la unidad irlandesa y a los segundos como la perpetuación de la división de la isla. Londres y Dublín, artesanos del proceso de paz, apostaban al nacimiento de una cultura de la conciliación. Pero las partes no lograron entenderse. Las instituciones están suspendidas desde octubre de 2002, luego de que surgieran sospechas de espionaje de parte del Sinn Féin, brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA).

¿Diferencias insoslayables?

En las elecciones de noviembre de 2003, los sectores conciliadores de ambos bandos fueron aplastados en beneficio del Sinn Féin de Gerry Adams y del Partido Unionista Demócrata (DUP) de Ian Paisley, que desde la década del '60 se opone a cualquier concesión a los "papistas". El reverendo Paisley acepta la tutela de Londres y busca pretextos para no compartir el poder con el Sinn Féin. Este último mira actualmente en dirección a Dublín, donde en 2007 los republicanos podrían gobernar en coalición con el Fianna Fail (centroderecha). La Cámara elegida en 2003 se reunió por primera vez... en mayo pasado y sus 108 representantes tienen tiempo hasta noviembre para formar un gobierno mixto. A falta de acuerdo, Londres continuará ejerciendo directamente su soberanía. Finalmente, las instituciones del Norte sólo funcionaron treinta meses en ocho años...

"Para los paramilitares, todo es cuestión de control territorial", explica Declan O'Loan, consejero municipal del Partido Socialdemócrata Laborista (SDLP, favorable a la reunificación de la isla), en Ballymena. O' Loan señala los estandartes británicos colocados en torno de un terreno en construcción: "Es un mensaje dirigido a los eventuales compradores católicos: ¡no los queremos aquí!". Más adelante vemos un centro de esparcimiento en el que también flamea la Union Jack: "En vísperas de la inauguración colocaron esa bandera para disuadir a los católicos de utilizar las instalaciones". Tres millas al oeste, un puñado de católicos que vivía en Ahoghill debió irse a causa de los extremistas protestantes. Vidrios apedreados, inscripciones con aerosol y hasta un cóctel molotov. No quedó nadie.

Los paramilitares leales gozan de una gran impunidad. La policía no interviene casi nunca, argumentando que es para no empeorar la situación, mientras que los protestantes moderados no se atreven a interponerse por miedo a represalias. En cuanto a los paramilitares, ya no temen las respuestas del IRA, que renunció oficialmente a las armas en julio pasado. El alcalde de Ballymena, Tommy Nicholl, pertenece al DUP, el movimiento del reverendo fundamentalista Ian Paisley, cuyos representantes europeos se codean en sus bancas con los del Frente Nacional francés y con los extremistas flamencos del Vlaams Belang.

El DUP, que se opone a los acuerdos de paz, es el principal partido de Irlanda del Norte, con más de 30% del electorado. En su nombre, Tommy Nicholl "condena enérgicamente" las violencias sectarias. Pero, en su opinión, éstas se explicarían "por la frustración de los protestantes. Londres invierte en las zonas nacionalistas en detrimento de los unionistas, que se sienten perjudicados y exigen un trato justo". Luego de décadas de discriminación, a los unionistas más radicales les cuesta aceptar el reequilibrio en beneficio de la minoría católica. El DUP y las milicias leales aprovechan ese malestar. En la tarde del pasado 6 de mayo, Michael McIlveen, un muchacho católico de 15 años, fue asesinado a golpes de bates de béisbol en una callejuela de Ballymena por un grupo de protestantes apenas mayores que él. La víctima y sus asesinos eran aún niños cuando se inició el "proceso de paz"...

"Ballymena no es peor que otros lugares de Irlanda del Norte", suspira Sean Farren, representante del SDLP. Desde que el IRA declaró el alto el fuego, la provincia desapareció de los medios internacionales, pero la tensión que reina allí no es una excepción, sino más bien la norma. Cada año, unas 1.400 personas se ven obligadas a mudarse a causa de las intimidaciones, que a veces llegan al asesinato 3. Ese sectarismo va generando una forma de apartheid, en el sentido de "desarrollo separado" de las comunidades.

"Desde la maternidad al cementerio, cada persona puede pasar toda su vida sin mantener la menor relación con los que viven enfrente", afirma Neil Jarman, director del Instituto de Investigaciones del Conflicto (ICR) de Belfast. El ICR estimó en un informe que la segregación es mayor que antes del proceso de paz 4. Hoy en día existen 37 "muros de la paz" que separan las comunidades, 18 más que en 1998. Dos tercios de la población vive en barrios ocupados exclusivamente por una sola comunidad. El comunitarismo es visible también en la escuela y en los deportes. Rugby y cricket para unos, fútbol gaélico y hurling para los otros. "Mis primeros amigos católicos los hice recién cuando tenía dieciocho años en la universidad. ¡Aquí es la norma!", relata Newton Emerson, periodista y humorista de 35 años, originario de la protestante Portdown. De su lado, Susan, una joven ejecutiva de Belfast, reconoce incrédula: "No frecuento ningún católico. Crecí en un barrio protestante, asistí a una escuela protestante, todo mi medio es protestante".

Jack, un católico de 45 años, tiene amigos "del otro lado": "Hablamos de todo, salvo de política. Antes del conflicto había muchas familias mixtas. Pero durante la guerra cada cual se replegó sobre su comunidad". Por fidelidad, pero también por seguridad. Para destruir la provincia, el IRA dinamitaba comercios, cines y restaurantes, a veces sin prevenir. De su lado, los comandos leales se habían especializado en el ametrallamiento de pubs frecuentados por católicos y en el asesinato sádico de "papistas" secuestrados al azar. Jack y los de su generación se sienten aliviados de poder reencontrar a sus amigos de enfrente, pero los jóvenes se muestran más sectarios. Paradójicamente, no haber experimentado las peores horas de la guerra civil reduce su capacidad de conciliación: "No se dan cuenta de los horrores a los que escaparon", estiman muchos de los que rondan los cincuenta años.

Un país, dos naciones

El centro de Belfast, consagrado a los negocios y al consumo e irreconocible desde que rige el alto el fuego, es una zona neutra. Pero en casi todas las paradas de autobuses hay grafitis KAT ("Kill All Taigs": muerte a todos los católicos) o KAH ("Kill All Huns": muerte a todos los protestantes), escritos por jóvenes camino a la escuela. En 2002, el 68% de los muchachos de entre 18 y 25 años de los barrios populares no habían hablado jamás con un joven "de enfrente", y el 62% afirmaba haber sido víctima de agresiones sectarias, verbales o físicas 5.

Los treinta años de conflicto polarizaron ambas comunidades, forjaron a través de los sufrimientos y del apoyo interno un "ellos" y un "nosotros" antinómicos. Belfast es una yuxtaposición de pequeñas poblaciones. En muchas calles, como en Hamill Street, la gente deja las puertas abiertas de par en par, símbolo de solidaridad entre vecinos. En Ardoyne, en Short Strand, barrios populares republicanos enclavados dentro de zonas leales, la gente se llama por su nombre de pila. Como medida de seguridad, es necesario detectar rápidamente al foráneo. En las calles y poblados de cada bando pueden verse pinturas murales en honor del IRA o de las milicias leales, lo que refuerza el color identitario del territorio y hace que el "intruso" se sienta incómodo. Newton Emerson relata: "Mis padres, que son liberales y ateos, viven en Armagh, pero nunca fueron a Crossmaglen", un bastión republicano situado a pocos kilómetros y en cuya plaza se alza un monumento a los "voluntarios" del IRA. "Es algo que ni se les ocurriría: el IRA mató mucha gente en su región, civiles protestantes incluidos."

"Irlanda del Norte está llena de memoriales. Cada bando tiene sus mártires, su memoria, y no posee nada en común con el otro bando", observa Peter Shirlow, profesor de Geografía en la Universidad del Ulster. Para crear un sentimiento común, el Alto Comisionado para las víctimas planea crear una "jornada de las víctimas". Pero en semejante contexto, experimentar alguna empatía por los otros perjudicaría la legitimidad de las propias acciones, a la vez que daría sentido a los actos, necesariamente "criminales" de los "de enfrente". Así es que la mayoría de los republicanos halla siempre una justificación estratégica, cuando no moral, al menor atentado del IRA. De su lado, muchos unionistas minimizan la pasada discriminación contra la minoría católica, negando de esa forma las motivaciones políticas de quienes ponían bombas.

Esa clave de lectura binaria filtra cada acontecimiento. Cada primavera, los republicanos rinden honor a los diez militantes, encabezados por Bobby Sands, que hace 25 años murieron en la cárcel luego de un huelga de hambre. Íconos revolucionarios para unos, terroristas para los otros. Cada verano, la tensión crece en la provincia a causa de las marchas organizadas por la orden de Orange, creada hace dos siglos para asentar la supremacía protestante. Con esos desfiles por barrios nacionalistas, los protestantes celebran la victoria en 1689 de Guillermo de Orange sobre los católicos de Jacobo II. Manifestación cultural para unos, deseo de humillar para los otros. En noviembre, los protestantes conmemoran el armisticio de 1918 enarbolando una amapola roja. Una "guerra imperialista británica", para los nacionalistas irlandeses, para colmo, entonces armados por el Kaiser.

El 17 de marzo, sólo los católicos festejan San Patricio. Esa fiesta, común a todos los habitantes de la isla, fue fagocitada por los nacionalistas por medio del despliegue de banderas irlandesas, contrariando a los unionistas. Esa segregación da como resultado la necesidad permanente de identificar al interlocutor: "¿Cuál es su apellido? ¿Dónde vive usted? ¿En qué escuela hizo sus estudios? Yo mismo me sorprendí haciendo esas preguntas sin darme cuenta. Es algo que llevamos dentro", admite William Odling-Smee, un cirujano protestante jubilado, casado con una católica y presidente de la Asociación Norirlandesa de Matrimonios Mixtos (NIMMA).

Espiral de violencia

Esas conductas se nutren del miedo, engendrado a su vez por una creciente brutalidad. Según las estadísticas policiales antes citadas, entre abril y agosto de 2005 se produjeron en promedio cinco actos de violencia sectaria cada día. A las agresiones físicas y a los daños de lugares de culto, se agregan atropellos que refuerzan cada vez más la coraza de las respectivas comunidades. En Belfast, en una zona de contacto entre guetos católicos y protestantes -a menudo un no man's land donde la mayoría de las casas están vacías a causa del peligro- un católico de 15 años fue asesinado a puñaladas el verano pasado. En 2003, los leales crucificaron vivo a un delincuente católico usando una engrapadora. En 2002, un empleado de correos católico que trabajaba en una ciudad protestante fue abatido, un protestante tomado por católico muerto a golpes, cinco protestantes heridos por un francotirador católico, etc... El asesinato puede estar acompañado de humillaciones rituales. La UDA perturbó una velada fúnebre en memoria del joven empleado de correos y luego escribió en las paredes de todo Belfast "Harry Potter murió" para burlarse del parecido que el difunto tenía con el personaje de J.K. Rowling.

La violencia se ejerce también hacia el interior, para aumentar la cohesión de una comunidad mitificada, eliminando los elementos perturbadores. En 2004, el Ejército de Liberación Nacional de Irlanda (INLA, marxista) torturó a dos jóvenes delincuentes cubriéndolos de brea y de plumas. Desde el alto el fuego, el IRA amenazó, condenó al ostracismo o ejecutó a varios republicanos disidentes. En The Village y en Sandy Row, dos barrios leales del sur de Belfast donde abundan las inscripciones racistas y las esvásticas pintadas en las paredes, varios inmigrantes de países del Este fueron agredidos en marzo pasado. La noche siguiente, el Partido Unionista Progresista (PUP), cercano a los paramilitares de la Fuerza Voluntaria del Ulster (UVF), manifestó frente a la casa de las víctimas, acusándolas de "comportamiento antisocial".

"De hecho, las parejas mixtas sólo pueden vivir en barrios de clase media, mucho menos controlados por los paramilitares, que son de extracción obrera" afirma Odling-Smee. En un barrio popular, el cónyuge exógamo será siempre considerado una amenaza. De su lado, los deshacedores de agravios no son bienvenidos. En 2004, Mark Langhammer, consejero municipal socialista de Rathcoole, hizo instalar una comisaría en su sector para frenar a los paramilitares leales, que extorsionaban y traficaban con drogas. En Irlanda, como en otras latitudes, el "financiamiento de la lucha" -propio a todo grupo clandestino- a veces degeneró en puro gangsterismo. "Escribieron con aerosol en la puerta de la comisaría: ‘Entrada de delatores', y el mismo día encontré una bomba debajo de mi auto... Aquí ya mataron a una docena de personas, entre ellas al joven empleado de correos. Pero aparentemente cuentan con alguna protección." La colusión entre las fuerzas del orden y los paramilitares leales, probada en la época del combate contra el IRA, parece estar aún vigente.

Una paz falaz

Todo el mundo se adapta a la amenaza difusa. Joseph, un estudiante de Short Strand, un barrio católico rodeado de zonas protestantes, no va nunca a pie al centro de Belfast, que sin embargo está a sólo quinientos metros de distancia. "Aquí tomamos taxis. Y si a las tres de la madrugada no se encuentra taxi, uno llama por teléfono a sus padres." Liam trabaja en British Telecom, cerca de The Village. "Para no cruzar esa zona leal peligrosa, tomo un autobús hasta el centro y allí otro hasta mi oficina." La gente prefiere trabajar con los de su comunidad, y no sin razón: a pesar de los esfuerzos desplegados por Londres para luchar contra la discriminación, en 2005 el 19% de los católicos y el 10% de los protestantes afirmaban haber sentido hostilidad en la oficina o en la fábrica, a causa de su pertenencia religiosa. En los barrios ocupados exclusivamente por una sola comunidad, once trabajadores sobre doce en cada empresa son de la misma religión; el 80% de los norirlandeses de medios populares, entrevistados en 2002 por Peter Shirlow, no aceptarían un trabajo del otro lado; el 88% no entraría en un barrio opuesto de noche; el 48% no lo haría de día; el 58% no haría allí sus compras; el 13,5% no iría por temor a verse luego marginado por su propia comunidad 6. "El miedo es un determinante más fuerte que la lealtad a la propia comunidad", estimó Shirlow.

El corolario de esa segregación es la duplicación de todas las instalaciones e infraestructuras: oficinas de correos, lugares de esparcimiento, comercios, shoppings, campos de deportes, paradas de autobuses, buzones. Las líneas de autobuses tienen recorridos sinuosos para circular siempre por zonas de la misma comunidad. Y cada amanecer, los recolectores de desperdicios de Belfast se dividen en dos equipos de trabajo, uno católico y otro protestante. Si una comunidad se considera perjudicada respecto de los del otro lado, lo manifestará por medio de disturbios. El pequeño partido Alliance, liberal e intercomunitario, estimó que el costo de esa duplicación de equipamiento alcanza a 1.500 millones de euros anuales. David Russell, un responsable de la Comisión Norirlandesa para la escuela mixta (NICIE), estimó que Londres opta por la solución más fácil: "Solo el 5% de los alumnos asisten a escuelas mixtas. Muchos padres estarían interesados, pero Londres prefiere adaptarse a la situación actual en lugar de modificar totalmente el sistema".

¿Adaptarse, a riesgo de quedar comprometido? En el otoño de 2001 los telespectadores de todo el mundo pudieron presenciar un episodio ocurrido en Belfast, digno de la Noche de San Bartolomé: el calvario de dos niñas de la escuela católica de Holy Cross, que para ir a clase debían cruzar cada mañana una calle protestante, protegidas por una doble fila de policías, bajo el abucheo, los insultos y los proyectiles de la gente del lugar. "Al cabo de diez semanas de terror -relata Betty Quinn, directora de la escuela- los leales aceptaron dejar de hostigar a los niños a cambio de inversiones en su barrio", "del compromiso de los católicos de no volver a estacionar vehículos en ‘su' calle y de que los alumnos fueran llevados a la escuela en autobús." En nombre de la pacificación, se premió el odio.

Londres jamás admitió la realidad de la guerra civil y tuvo siempre como objetivo mantener "un nivel de violencia aceptable". El acuerdo de 1998, que invitaba a los dos bandos a compartir el poder, tuvo como efecto perverso "tribalizar" las identidades políticas, ya que al quedar despolitizado, el conflicto se redujo a una lucha atávica entre dos "tribus" enfrentadas. Esa visión interétnica simplista, que sintoniza con el proclamado fin de las ideologías, no resiste al análisis histórico. Sobre un fondo de discriminaciones evidentes, la guerra civil oponía un movimiento independentista socialista (IRA) y un partido socialdemócrata (SDLP), a unionistas conservadores (UUP) y supremacistas de extrema derecha (DUP, milicias leales), aliados éstos a un Estado que era juez y parte.

El rival ya no es político sino "étnico", y se lo combate menos por sus ideas (independentistas o leales) que por su naturaleza (irlandés o británico). La paz no logró convertir a los enemigos en adversarios. Ya no se trata de debatir democráticamente sobre los méritos comparados de la unidad irlandesa o de la unión con el Reino Unido, sino efectivamente de hundir a "los de enfrente" por medio de la cantidad, marcando el territorio con una bandera en cada esquina.

  1. Se trata más de identidades políticas que religiosas. Para resumir, los protestantes (53% de la población), descendientes de colonos escoceses e ingleses llegados en el siglo XVII, desean mantener la unión de Irlanda del Norte con el Reino Unido. Los católicos (44%) son partidarios de la reunificación con Eire, independiente desde 1921. Cada bando se divide a su vez en legalistas y partidarios de la lucha armada: católicos socialdemócratas (SDLP) y republicanos (IRA, INLA); y protestantes unionistas (UUP, DUP) y leales (UDA, UVF).
  2. Según Sir James Craig, futuro Primer Ministro de Irlanda del Norte, en 1934.
  3. Neil Jarman, "No longer a problem? Sectarian violence in NI", informe para el Primer Ministro británico, agosto de 2005. Cerca de 100 personas fueron asesinadas por los paramilitares desde 1999 (dos tercios por los leales), según la base de datos Conflict Archives on the Internet (http://cain.ulst.ac.uk). La mayoría de las víctimas fueron paramilitares del mismo bando, pero rivales...
  4. Neil Jarman, ibid.
  5. Peter Shirlow, "Mapping the espace of fear", Royal Geographical Society, Londres, 2002.
  6. Peter Shirlow, ibid.

Política etnocéntrica

Gouverneur, Cédric

Racionales, los electores norirlandeses comprendieron que, dado que la política local es etnocéntrica y no se preocupa del interés general, el político más agresivo de su comunidad será el mejor defensor. La clase media católica abandonó a los líderes del Partido Socialdemócrata Laborista (SDLP) por el Sinn Féin, menos a la izquierda y más frecuentable desde el alto el fuego del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Cansados, los tibios se abstienen.
La mayoría de protestantes se pasaron a la extrema derecha. Síntoma del malestar de muchos unionistas, cuyo universo está en decadencia. Treinta y cinco años después de la insurrección de los católicos, por entonces discriminados, estallan los disturbios en los barrios protestantes, con el argumento “los católicos obtienen todo”: desmantelamiento de los regimientos de reclutamiento local, cambio de nombre de la policía, delimitación relativa de la provincia, restricción de los desfiles orangistas, ascenso social de los católicos... El fulgurante desarrollo económico de la República de Irlanda los atemoriza. En 1970 el nivel de vida en el norte era 30% superior al del sur de la isla. Actualmente es la inversa 1.
The Belfast Telegraph propuso en marzo una “re-partición” de la provincia, que incluya “compensaciones financieras” para quienes acepten emigrar al otro lado de la “nueva frontera” 2. Que el principal diario unionista, considerado “moderado” se anime a proponer semejante delimitación resulta más que elocuente... La balcanización está en marcha. Por razones de eficacia, Londres planea reducir en 2009 las 26 entidades administrativas actuales a sólo 7. Muchos observadores temen que, fuera de Belfast, las tres jurisdicciones del oeste se transformen en bastiones republicanos, y las otras tres, al este, en fortines del reverendo Paisley.

  1. Management Today, Londres, 1-3-06.
  2. The Belfast Telegraph, Belfast, 24-3-06.


Irlanda del Norte

Población: 1.685.300 habitantes.
53% protestantes, 44% católicos y 3% sin religión o sin respuesta (censo de 2001).
Idiomas: Inglés (90%), irlandés, scots.
Superficie: 13.843 km2.
Capital: Belfast.
Estatuto político: Provincia administrativa del Reino Unido.
1918
El Sinn Féin, movimiento republicano que lucha por la autonomía de Irlanda, se impone en las elecciones. Comienza la guerra de independencia, encabezada por el Ejército Republicano Irlandés (IRA).
1972
Bloody Sunday. El ejército británico abre el fuego contra una manifestación pacífica en Londonderry: 12 católicos mueren.
1994
Alto el fuego del IRA y luego de los paramilitares unionistas. Londres acepta abrir negociaciones.
10-4-1998
Firma del acuerdo de paz, llamado luego “Acuerdo del Viernes Santo”.
28-7-05
El IRA anuncia el fin de la “lucha armada” y su intención de alcanzar la reunificación de Irlanda por la vía democrática.
24-11-06
Antes de esa fecha, los dos principales partidos políticos norirlandeses, el Sinn Féin (católico) y el DUP (protestante), deberán haber logrado un acuerdo para formar un gobierno “semi-autónomo”.


La invención de Irlanda

Heer, Liliana

Declan Kiberd
Adriana Hidalgo; Buenos Aires, febrero de 2006.

834 páginas, 64 pesos.
 

 “Las artes sueñan en lo que vendrá”, escribió William Yeats anticipando la revolución política de Irlanda. Un proceso inverso a la experiencia estadounidense, reflejada por Walt Whitman y Ralph Emerson ex post factum. Fenómeno que explica la preponderancia de textos de alto valor creativo en cada etapa de la literatura irlandesa moderna.
Hacer visible una estructura en conflicto, con sus antagonismos y contradicciones, no deja de ser un ambicioso desafío; quien se lo propone debe sortear dos grandes riesgos: el caos y la tendenciosidad. El propósito –ampliamente logrado– de Declan Kiberd fue detectar los vínculos entre el arte y la expresión popular durante las décadas anteriores y posteriores a la independencia. La invención de Irlanda es el despliegue brillante, exhaustivo y crítico de una lógica que pone en tensión las circunstancias políticas que rodearon la creación de grandes obras escritas en inglés por autores irlandeses. Modelo de lo que Gilles Deleuze y Felix Guattari denominan literatura menor, remarca Kiberd: “una literatura escrita en un idioma mayor por un grupo minoritario sublevado contra sus opresores”. Las posturas poéticas desfilan con la riqueza que brinda el conocimiento profundo del estilo y la historia más allá de la frontera nacional. El autor analiza la filosofía inclusiva de Oscar Wilde y Bernard Shaw, movidos por el intento de transformar estereotipos. Método definido por Yeats en A Vision y ampliamente expuesto en obras de Augusta Gregory, James Joyce, John Synge, Samuel Beckett y Elizabeth Bowen, entre otros, verdaderas muestras del poder redentor del estilo. En esta línea, es de exaltar la madura traducción de Gerardo Gambolini.


Autor/es Cédric Gouverneur
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 85 - Julio 2006
Páginas:24,25,26
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Política internacional
Países Inglaterra, Irlanda del Norte