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Reseñas de libros

Visión de paralaje

De Slavoj Zizek

Editorial:
Fondo de Cultura Económica
Cantidad de páginas:
478 páginas
Lugar de publicación:
Buenos Aires
Fecha de publicación:
Marzo de 2006
Precio:
43 pesos
El concepto de paralaje o desplazamiento de paralaje alude a aquello que visto desde una distancia determinada aparece como un objeto, pero que se transforma en otro si el espectador se aleja o se acerca demasiado. Munido de esta visión –una dinámica cuyo peligro más evidente consiste en la pérdida del centro; la oscilación como método cognitivo nada garantiza a priori–, Zizek se entrega a la tarea de re-ver con aliento crítico las grandes líneas del pensamiento occidental. Labor ímproba, ambiciosa y que se revela imposible a poco de ser abordada.

No obstante, Zizek logra atisbar no pocas intuiciones y argumentos ponderables en torno a, por ejemplo, las antinomias kantianas, la brecha irreductible (y dramática) entre sujeto y contexto, una lectura (polémica y, por tanto, fecunda) hegeliana de Kierkegaard, una crítica sobradamente fundada del sueño científico de objetivar el pensamiento, o más de un apunte inteligente en relación a la estatura constitutiva del héroe trágico.
Pero tal vez el ligero desencanto que puede suscitar la obra de Zizek consista en que es posible (y casi necesario) encuadrar al autor dentro de ese amplio, más o menos caracterizado y polígrafo grupo que se suele denominar, a falta de mejor nombre, “filósofos de la modernidad”, cuyas virtudes y deméritos tienen en Zizek a un paradigmático representante.
Cuando Zizek encuentra que en el filme Rashomon “la autoridad masculina queda cada vez más debilitada y se va reforzando el deseo femenino”; cuando halla que el “Odradek” kafkiano es un objeto “transgeneracional” que responde acabadamente al concepto de “lamella” lacaniano (“el órgano inhumano-humano ‘no muerto’ y sin un cuerpo, con la mínima sustancia de la vida ‘no muerta’ presubjetiva”); cuando parece una fatalidad que casi todo concepto deba ponerse en términos lacaniano-deleuzianos; acaso, entonces, no resulte una temeridad echar mano de un concepto tan periclitado como el de sobreinterpretación, estrechamente ligado al de sobreactuación: suele ser difícil de creer, no es convincente y siempre se termina recelando del intérprete o del actor.
A propósito del “ciclo del superyó debilitante”, “el sinthome del padre” o el “órgano superyoico”, en la progresión especulativa de Zizek confluyen en asombrosa convivencia los nombres de Karl Marx, los hermanos Marx, Lacan, el alien de Ridley Scott, Martin Lutero, el cineasta Andrei Tarkovski y Kant, entre otros, conformando un elenco de citas excepcional (aunque heterodoxo y, a veces, forzado) donde cada teoría tiene su asiento y cada controversia hace su habitación. Si el convite para la polémica no sólo es fecundo, sino estimulante, la mera provocación pour épater no es –ya ni siquiera es– un gesto de temeridad o audacia. Definir al sujeto como “ese secreto judío circunciso” o postular que el denuedo de la existencia pasa por “la insoportable pesadez de ser una divina mierda” parece más propio de la línea editorial de una bullanguera revista adolescente que del rigor de un pensamiento filosófico.
Zizek parece no haber sabido sortear dos tentaciones de parecido signo e indeseados efectos: la tentación de la hiperproducción y la tentación del ingenio. 

Autor/es de esta reseña Osvaldo Gallone
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 85 - Julio 2006