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El tropismo estadounidense de India

Nueva Delhi evaluó como histórica la visita de George W. Bush a  India en marzo de 2006; hubo quienes no dudaron en compararla con la de Richard Nixon a Pekín en 1972. En cambio, ni el presidente francés Jacques Chirac, de visita el mes anterior, ni Anthony Blair, por entonces presidente en ejercicio de la Unión Europea, hicieron un brillante papel. Las relaciones indoeuropeas están en un atolladero.

El acercamiento indo-estadounidense se remonta a la época del presidente William Clinton -cuya visita en 2000 señaló un primer cambio- y de Atal Bihari Vajpayee -Primer Ministro de India de 1998 a 2004-, cuyos opositores decían que no tomaba ninguna decisión de política exterior sin consultar a la Casa Blanca. Pero la alternancia y la llegada al poder de una coalición dirigida por el Partido del Congreso, que incluye fuerzas políticas -como los comunistas- muy críticas hacia la política del equipo de Vajpayee con respecto a Estados Unidos, no cambiaron nada.

Las maniobras militares conjuntas  de los ejércitos, las marinas o las fuerzas aéreas se convirtieron en una verdadera rutina. En 2005 Estados Unidos e India celebraron un acuerdo llamado open skies (cielos abiertos), a fin de multiplicar los vínculos aéreos entre los dos países. Air India compró 68 Boeing por un importe de 11.000 millones de dólares (una noticia, por otra parte, mal recibida por Airbus). A partir de junio de 2005 ambas naciones establecieron una asociación estratégica de buen augurio para la visita de Bush a Nueva Delhi, prevista para el año en curso.

Paralelamente, prosiguió el acercamiento indo-israelí 1, que hizo de Israel el segundo proveedor de armas del país después de Rusia. Es cierto que los comunistas consiguieron la suspensión de las maniobras militares comunes, pero hasta el presente fue la única concesión que se les hizo.

Vía libre al desarrollo nuclear

¿Por qué India se alínea así con Estados Unidos? En primer lugar porque de este modo puede acceder a algunos atributos del poder. En el terreno militar, Washington permitió a los israelíes vender a Nueva Delhi el sistema de radares Phalcon, cuando la Casa Blanca había vetado una operación similar con los chinos. Con posterioridad, Bush propuso incluso aviones F-16 y F-18.

Además, la visión estratégica de los indios coincide con la de los estadounidenses sobre un punto ahora fundamental: la lucha contra el terrorismo. En efecto, desde el 11 de septiembre muchos indios del establishment político consideran que Estados Unidos se encuentra en una situación comparable a la de su país, víctima a su vez de las mismas redes islámicas cuyas raíces se hunden en Pakistán, lo que le permite introducir una cuña en la alianza estadounidense-paquistaní. De hecho, parece una relación cada vez más táctica, sobredeterminada por la cuestión de Al-Qaeda y la caza del hombre (Ben Laden) en las zonas tribales.

Más allá de las consideraciones estratégico-militares, India estima otros aspectos de esta nueva cooperación. En los últimos meses se realizaron progresos muy significativos: en el ámbito energético los estadounidenses se comprometieron a ayudarla a tratar su carbón para tornarlo más rentable y menos contaminante; en materia agrícola, se preparan también para brindarle los medios de realizar una revolución verde de "segunda generación".

Pero la visita de Bush fue memorable especialmente en lo referido a la cuestión de la energía nuclear para uso pacífico. El Presidente estadounidense reconoció de facto un status de excepción para India. Aun cuando este país no haya firmado el Tratado de No Proliferación nuclear (TNP), se manifestó dispuesto a permitir la transferencia de productos sensibles (incluido el uranio enriquecido), debido a la foja de servicio india en materia de no proliferación y democracia. Se impuso una única condición: de aquí a 2014 la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) deberá tener acceso al 65% de las instalaciones nucleares para comprobar que las tecnologías duales no sirven a objetivos militares.

Por lo tanto, ocho de los veintidós reactores quedarían bajo el exclusivo control de las autoridades indias, que bien podrían desarrollar allí su arsenal militar. Así pues, India realizó pocas concesiones que, en términos militares y estratégicos, apenas hacen mella en su soberanía nacional.

¿Por qué Estados Unidos, por su parte, llega tan lejos? En primer lugar porque las relaciones con India constituyen la única success story en materia de política exterior de Bush, tras un período presidencial y medio en la Casa Blanca. Luego, y en especial, porque India pesa cada vez más en el mapa geopolítico del mundo y Washington cuenta con este nuevo aliado para ayudarle a actuar como policía en el Océano Índico, y sobre todo para aislar a Irán.

Entre Estados Unidos y China

Nueva Delhi ya votó dos veces contra Irán (considerado un "país amigo") en la AIEA y el proyecto de canalización que debía transportar el gas de Pars hacia India parece muy comprometido. Esta última se resignaría a seguir los consejos estadounidenses en favor de un gasoducto, que les permitiría acceder a los recursos hidrocarburíferos de Turkmenistán. En especial, Estados Unidos cuenta con India para contrabalancear la creciente influencia de China en Asia, aun cuando nada indica en la actualidad que si fuera necesario pelear con los chinos, Nueva Delhi abrazaría la causa estadounidense. Más aun teniendo en cuenta que el Imperio del Medio ya es un socio comercial de primer nivel y a corto plazo podría pasar del segundo al primer puesto -y por lo tanto destronar a Estados Unidos-; que las inversiones cruzadas entre los dos países se multiplican, e incluso que responden juntos a licitaciones de terceros países para la adquisición de campos petrolíferos, como por ejemplo en Siria o Canadá.

Echando una mirada más global sobre la asociación indo-estadounidense, resulta evidente que esta intensificación de las relaciones diplomáticas y estratégicas se apoya en una dinámica sin precedentes en el ámbito económico. Actualmente Estados Unidos es el primer socio comercial de India -en 2004-2005 representó el 11,1% de los intercambios, contra el 5,6% para el comercio indo-chino- y fue el primer inversor extranjero en este país con el 17% de las Inversiones Directas Extranjeras (IDE) realizadas desde 1991.

Además, la diáspora india en Estados Unidos, cuyo número se duplicó en diez años hasta alcanzar los 2 millones de personas, desempeña un papel determinante en este acercamiento. El censo estadounidense de 2000 indica que el ingreso medio per cápita de los indo-estadounidenses alcanza los 60.093 dólares, contra 38.885 dólares para el promedio nacional (sólo el 6% de ellos viviría por debajo del umbral de pobreza). Esto se explica por el hecho de que las tres cuartas partes de los miembros de esta comunidad pasaron por la universidad.

Este acercamiento, lejos de reducirse a consideraciones estratégico-militares, se funda pues en numerosos intercambios económicos y empresariales. Aunque los militares indios rechazan (por razones técnicas) los aviones F-16 que actualmente les propone Washington y aunque el Congreso estadounidense rechaza el acuerdo prometido por Bush en materia de energía nuclear con fines pacíficos, los vínculos entre los dos países están destinados a consolidarse, en momentos en que las relaciones entre India y Europa tienden a hacerse más distantes.

Asociación estratégica

La primera cumbre de India y la Unión Europea (UE), realizada en Lisboa en junio de 2000, señaló la voluntad de reactivar la cooperación. Este encuentro se realiza con regularidad, y en junio de 2004 culminó en una asociación estratégica que define cinco ámbitos de colaboración: la cooperación internacional con un énfasis especial sobre la prevención de conflictos, la lucha contra el terrorismo, la no-proliferación nuclear, la democracia y los derechos humanos; la consolidación de la asociación económica por medio de diálogos sectoriales y políticas de regulación en común; una cooperación en materia de desarrollo destinada a ayudar a India a lograr los objetivos llamados del milenio de lucha contra la pobreza; la intensificación de los intercambios intelectuales y culturales; la institucionalización de las relaciones entre India y la UE.

Dos años más tarde, el balance es modesto. En el plano económico la UE, que hasta el momento era el primer socio comercial de India, fue destronada por Asia -la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) + 3 2-, que en 2004 totalizó el 20% de los intercambios del país (contra un 19% para la UE). India apenas representa el 1,7% de las importaciones y exportaciones de la UE, lo que la convertía en su décimosegundo socio comercial. Siempre en 2004, apenas atraía el 0,3 % de la IDE europea.

No obstante, donde la relación parece más estancada es a nivel diplomático-estratégico. Por una parte, la diplomacia europea sigue concentrada en Pekín, ya que en el curso de los últimos años Chris Patten fue el único comisario europeo que tomó en serio a Nueva Delhi. Por otra parte, India se muestra hostil a muchas de las iniciativas europeas, como la creación de la Corte Penal Internacional o la Convención de Ottawa sobre la prohibición de las minas antipersonales. Para no hablar de su desconfianza con respecto a la "injerencia" europea en los asuntos indios, ya se trate del respeto de los derechos humanos en Cachemira o del trabajo infantil.

Hostilidad hacia Europa

De hecho, llevadas por la embriaguez del poder recién adquirido, las elites indias ya no ocultan su menosprecio por una Europa atrapada en un marasmo económico. Para ellas, Europa se quedó sin aliento y su Estado benefactor está superado y condenado a la decadencia. Esta India nacionalista toma su desquite contra siglos de colonialismo y neocolonialismo. Es tanto más hostil a la UE cuanto que ésta se crispa respecto de actitudes que recuerdan precisamente la mentalidad colonial.

Los europeos postulan que "India y la Unión Europea comparten una visión del mundo basada en el multilateralismo" 3. Ahora bien, el discurso indio sobre la necesidad de un mundo multipolar está hecho de falsos pretextos. De su compromiso tercermundista en el seno del Movimiento de los No Alineados Nueva Delhi heredó un discurso teñido de antiimperialismo, sobre todo dirigido contra la hegemonía de Estados Unidos. Esta herencia presenta evidentes afinidades electivas con el proyecto multilateralista europeo de promover un sistema de normas internacionales.

Pero en la práctica los indios dan muestras de un pragmatismo que, desde los años 1990, adquirió incluso rasgos de realpolitik. A los ojos de sus dirigentes, Estados Unidos asegura un liderazgo inevitable, mientras que la UE aún se está buscando y no es un actor internacional de primer orden.

La extrema valorización del poder constituye un factor esencial de la falta de consideración de India para con la Unión Europea. Si Jawaharlal Nehru creía -como Mohandas Karamchand Gandhi- en los valores (hoy diríamos las normas), los estrategas de los think-tanks indios consideran que hacer "de India la mayor democracia del mundo" le aporta al país menos que las pruebas nucleares de 1998. Esta nueva tendencia es perfectamente coherente: ¿Acaso Occidente escuchó a India cuando defendía valores u hombres como el Dalai Lama?

La UE fuera de juego

La Unión Europea está pues en vías de salir de la pantalla de radar de uno de los países emergentes más prometedores, y esto en beneficio de Estados Unidos, un improbable aliado de India hace sólo ocho años, cuando Washington sometía a Nueva Delhi a duras sanciones debido a sus pruebas nucleares. Un buen ejemplo de este viraje en redondo y del precio que deben pagar los europeos es el acuerdo de cooperación estratégico-militar celebrado por indios y estadounidenses en junio de 2005, según cuyos términos ambos países acuerdan actuar juntos en escenarios exteriores en caso de operación de mantenimiento de la paz. Este acuerdo corre el riesgo de debilitar el interés de los indios por ejecutar el mismo tipo de operación con los europeos, cuando era uno de los objetivos de la asociación estratégica concertada... entre la India y la UE un año antes.

Para que las relaciones indoeuropeas salgan del atolladero donde corren el riesgo de instalarse, la UE tiene en primer lugar que darse los medios de existir a nivel internacional. Nada más difícil después del rechazo de una Constitución que habría tenido la ventaja de darle un ministro de Relaciones Exteriores. Pero si la dinámica europea no se bloquea definitivamente, por una vez existe una iniciativa ambiciosa que la UE podría tomar: hacer campaña a favor del ingreso de India en el Consejo de Seguridad de la ONU. Tal iniciativa tendría la ventaja de atraerla al seno del multilateralismo y además permitiría a los europeos desmarcarse de los chinos y estadounidenses, hostiles -más o menos explícitamente- a que se atribuya a los indios una silla en el Consejo.

Esto haría factible un reequilibrio muy esperado de la diplomacia europea. De hecho, el tropismo chino de los europeos es paradójico: mientras la UE dice otorgar gran importancia a la democracia, concentra su atención sobre China, cuya foja de servicio es, desde este punto de vista, mucho menos honorable que la de India. En consecuencia, India presta oído de manera más complaciente al discurso estadounidense, que conjuga la promoción de la democracia en todos los tonos y denuncia el autoritarismo chino.

  1. En 1991-1992 la iniciativa india de favorecer sus relaciones con Israel apuntaba en parte a Washington; pasar por Israel era en cierto sentido un desvío para "alcanzar" a Estados Unidos.
  2. La ANASE + 3 comprende los diez países del ANASE: Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Vietnam, Birmania, Laos, Camboya, Brunei, a los que se agregan China, Corea del Sur y Japón.
  3. Comisión Europea, "An EU-India Strategic Partnership", Bruselas, 16-6-04.
Autor/es Christophe Jaffrelot
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 87 - Septiembre 2006
Páginas:18,19
Traducción Teresa Garufi
Temas Política internacional
Países India